Un bebé devuelve la esperanza a los akuntsu, una tribu a punto de desaparecer
Durante años, solo 3 mujeres sobrevivían en este pequeño pueblo indígena tras décadas de violencia y deforestación. El nacimiento de un niño abre una nueva posibilidad de continuidad cultural y refuerza la importancia de proteger sus territorios.
La historia reciente del pueblo indígena Akuntsu parecía encaminada hacia la desaparición. Durante años, las únicas sobrevivientes fueron 3 mujeres: Pugapia y sus hijas Aiga y Babawru, quienes vivieron en la selva amazónica tras el colapso de su comunidad.
Este pequeño grupo indígena fue devastado por la expansión agrícola y la ocupación de la selva en la región amazónica de Rondônia. La presión sobre el territorio y los ataques violentos redujeron drásticamente la población hasta dejar solo a estas tres mujeres.
Sin hombres dentro de la comunidad y con el paso del tiempo, muchos investigadores creían que el pueblo akuntsu se extinguiría cuando murieran sus últimas integrantes.
El nacimiento que cambió el destino del pueblo
Ese escenario cambió en diciembre de 2025, cuando Babawru —la menor de las tres, de unos 40 años— dio a luz a un niño llamado Akyp. El nacimiento sorprendió incluso a quienes seguían de cerca la situación de la comunidad.
Para especialistas y autoridades indígenas, la llegada del bebé representa una señal de esperanza para la continuidad del pueblo. Desde la Fundação Nacional dos Povos Indígenas (Funai), el organismo estatal encargado de la protección indígena en Brasil, destacaron el significado del acontecimiento.
“Este niño no es solo un símbolo de la resistencia del pueblo akuntsu, sino también una fuente de esperanza para los pueblos indígenas”, afirmó Joenia Wapichana, presidenta de la agencia. “Representa lo extremadamente necesario que es el reconocimiento, la protección y la gestión de esta tierra”.
La importancia de proteger los territorios indígenas
La supervivencia de comunidades como los akuntsu está estrechamente vinculada a la preservación de sus territorios. Diversos estudios muestran que las tierras indígenas suelen ser una de las barreras más efectivas contra la deforestación.
Investigaciones realizadas por la red ambiental MapBiomas indican que los territorios indígenas en Brasil perdieron solo alrededor del 1% de su vegetación nativa en tres décadas, mientras que en las tierras privadas la pérdida alcanzó aproximadamente el 20%.
Esta diferencia tiene implicaciones globales, ya que la Amazon Rainforest cumple un papel clave como regulador climático y reservorio de biodiversidad.
La deforestación que casi destruyó a los akuntsu
La crisis que vivió este pueblo indígena se remonta a las políticas de ocupación de la Amazonía impulsadas por el gobierno brasileño durante la década de 1970, en plena dictadura militar.
En ese período se promovió la migración interna hacia la selva mediante proyectos de infraestructura y programas agrícolas. La apertura de carreteras y la expansión de la ganadería provocaron una fuerte presión sobre los territorios indígenas.
En los años 80, el crecimiento poblacional en Rondônia y el avance de colonos provocaron ataques violentos contra varias comunidades. Muchos terratenientes contrataban pistoleros para expulsar o eliminar a los indígenas que habitaban tierras que buscaban explotar.
El primer contacto y la reducción de la comunidad
El primer contacto oficial con los akuntsu se produjo en 1995, cuando la Funai encontró a siete sobrevivientes. Los expertos creen que una década antes el grupo estaba compuesto por unas veinte personas, pero fue atacado por ganaderos que buscaban ocupar la zona.
Durante ese encuentro, los agentes encontraron señales del ataque y algunos de los sobrevivientes todavía presentaban heridas de bala.
En 2006, el gobierno brasileño creó la Terra Indígena Rio Omerê para proteger el territorio del pueblo akuntsu. Allí también habita el grupo indígena Kanoê, con quienes mantienen un contacto limitado y mediado por las autoridades.
Con el tiempo, ambos pueblos comenzaron a cooperar en algunas actividades. Según explicó la antropóloga Amanda Villa, las mujeres akuntsu dependen en parte de los hombres kanoe para tareas consideradas tradicionalmente masculinas, como la caza o el despeje de terrenos. El embarazo de Babawru se produjo tras una relación con un hombre de ese grupo indígena.
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