Tamara Klink, la primera latinoamericana en cruzar sola una peligrosa ruta del Ártico
La navegante brasileña completó el Paso del Noroeste en velero, una travesía desde Groenlandia hasta Alaska. Este desafío estuvo marcado por el hielo, la soledad y el cambio climático.
La navegante brasileña Tamara Klink alcanzó un nuevo hito al completar la travesía en solitario del histórico y peligroso Paso del Noroeste, en el Ártico. A los 28 años, recorrió 6500 kilómetros desde Groenlandia hasta Alaska en un pequeño velero y se convirtió en la primera mujer latinoamericana y la persona más joven del mundo en lograrlo.
Nacida en São Paulo y formada en arquitectura naval en Francia, Klink construyó una trayectoria marcada por expediciones extremas realizadas sin compañía. Desde su primera travesía entre Noruega y Brasil en 2020–2021 (cuando también estableció un récord como la latinoamericana más joven en cruzar el Atlántico sola) demostró su vocación en el mar.
La navegante realizó otras expediciones en el Ártico: en 2023 llegó sola al Círculo Polar Ártico desde Francia y entre 2023 y 2024 invernó durante ocho meses en el hielo en Groenlandia.
El Paso del Noroeste: historia, peligros y un nuevo escenario climático
Desde el siglo XVI, el Paso del Noroeste es una ruta temida por navegantes de todo el mundo. Su complejidad, marcada históricamente por enormes extensiones de hielo, fue escenario de tragedias como la desaparición de Sir John Franklin y 128 marineros en 1847. Más tarde, en 1905, Roald Amundsen completó por primera vez el recorrido en barco.
En 2025, Klink decidió enfrentar esta misma ruta, considerada una de las más peligrosas del Ártico. Su travesía la expuso a frío extremo, tormentas impredecibles, fuertes corrientes, icebergs gigantes, estrechos pasos helados y encuentros cercanos con fauna salvaje como osos polares.
“El Paso del Noroeste cambió mucho a lo largo del tiempo, antes era posible realizar esta travesía a pie por el mar helado. Después, solo los grandes barcos con rompehielos se aventuraban en viajes muy difíciles. Hoy, con el calentamiento global y la reducción del hielo marino, pude realizar este viaje con un pequeño velero”, afirmó.
Dormir en ciclos de 20 minutos y navegar entre tormentas
Tamara partió de Groenlandia a fines de julio a bordo de su velero de acero de 10 metros. Durante gran parte del recorrido durmió apenas en intervalos de 20 minutos, sin acceso a agua caliente ni comodidades básicas.
“Seguir viva era más difícil que morir, porque si me quedaba sin abrigo me congelaba, si caía al agua, me congelaba… Y aun así me sentía muy feliz de estar ahí, muy agradecida por todo, por cada vaso de agua”, relató en diálogo con National Geographic.
La comunicación con otros navegantes fue vital en un tramo donde los pronósticos meteorológicos suelen fallar y solo anticipan tormentas con un día de margen. “Hay un grupo de comunicación entre los navegantes que realizan el Paso del Noroeste para ayudar e intercambiar información esencial durante el trayecto”, explicó.
La evidencia del cambio climático
A lo largo de la travesía, Klink comparó sus observaciones con los registros de Amundsen. La coincidencia más impactante llegó el 5 de agosto, cuando atravesó un mismo punto histórico.
“Completé este tramo exactamente el mismo día que él, el 5 de agosto, ¡pero con una diferencia de 120 años! Él en 1905 y yo en 2025; lugares que él decía que estaban completamente congelados, nevados por todas partes, difíciles de atravesar, yo los navegaba tranquilamente, porque hoy ya no existe todo ese hielo, sino mar”, contó.
La navegante destacó que solo el 9% de su ruta tenía hielo marino. Mientras que hace 30 años eran indispensables los rompehielos.
También observó cambios en la fauna: “Animales como las ballenas y las águilas cambian sus patrones migratorios y los osos polares pierden su hábitat de hielo, lo que los acerca a las poblaciones humanas”.
Consecuencias ambientales profundas
La acidificación del océano es uno de los procesos que Klink vio reflejado en especies clave como la mariposa de mar, fundamental para la cadena alimentaria. “La mariposa de mar presenta dificultades para formar sus conchas debido a la acidificación del océano, lo que repercute en la pesca y las cadenas alimentarias, en una reacción en cadena”, explicó.
Otro fenómeno crítico que presenció fue el deshielo del permafrost, que libera gases y metales pesados atrapados por miles de años y afecta directamente a comunidades locales al desestabilizar suelos y construir sobre terreno cada vez más inestable.
El aumento del agua dulce en el océano altera la salinidad y las corrientes, lo que genera tormentas más violentas. “Algunos de los momentos más difíciles que pasé durante la travesía se debieron precisamente a fuertes tormentas, más intensas de lo previsto”, señaló.
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