Realizaron el primer trasplante facial a partir de una donante fallecida
Un hospital de Barcelona, España, restauró la funcionalidad facial de una mujer con una grave necrosis mediante una intervención inédita a nivel mundial.
Una infección bacteriana devastadora dejó a Carme con una necrosis facial severa que le impedía comer, hablar y respirar con normalidad. Su vida cotidiana quedó completamente paralizada hasta que fue sometida a un trasplante de cara en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. Esta intervención le devolvió funciones básicas y marcó un antes y un después en la historia de la medicina.
El caso es excepcional no solo por la complejidad quirúrgica, sino porque se trata del primer trasplante facial del mundo realizado a partir de una donante que recibió la eutanasia. En total, apenas se realizaron 54 trasplantes de este tipo a nivel global.
“Mi vida empieza a ser mejor: puedo hablar, estoy empezando a comer, tengo sensibilidad en la zona del trasplante, puedo beber, tomarme un café. No me importa salir a la calle y puedo hacer vida normal”, relató Carme, que pidió no revelar su apellido.
La donación y el valor de la planificación previa
El equipo médico detalló que la donante, además de autorizar la eutanasia, expresó de forma explícita su voluntad de donar órganos, tejidos y también su rostro. “La donante quería saber si su cara era válida y podía donar. Fue la expresión máxima de amor y generosidad hacia los demás”, señaló Joan-Pere Barret, jefe de Cirugía Plástica y Quemados del hospital..
Al tratarse de un caso de eutanasia, los profesionales pudieron realizar una planificación quirúrgica altamente personalizada. Mediante modelos en 3D y software especializado, se diseñaron las mejores opciones reconstructivas antes de la intervención para optimizar la funcionalidad final del rostro.
En la operación participaron cerca de 100 profesionales de distintas especialidades. Se trasplantaron piel, músculos, nervios, tejido adiposo y huesos faciales mediante técnicas de microcirugía vasculonerviosa, esenciales para recuperar sensibilidad, movilidad y expresividad.
Función, identidad y expectativas
Los especialistas insisten en que este tipo de cirugía va mucho más allá de la apariencia. “El trasplante de cara no consiste solo en colocar tejidos blandos para dar una apariencia normal. Se realiza para dar función y sensibilidad. Un trasplante de cara que no se sienta y no se mueva no es más que una máscara”, afirmó Barret.
Por ese motivo, la selección del receptor es extremadamente rigurosa. Además de los criterios médicos, se evalúan aspectos psicológicos, apoyo familiar, capacidad de adaptación y adherencia al tratamiento. Donante y receptor deben compartir sexo, grupo sanguíneo y características antropométricas similares.
Beatriz Domínguez Gil, directora de la Organización Nacional de Trasplantes, recordó que este tipo de cirugías “se considera un procedimiento experimental y requiere una autorización caso a caso”. Y advirtió: “Es importante adecuar la selección del paciente ya que tiene que tener la capacidad de resistir a una cirugía como esta, pero también a una rehabilitación complicada”.
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