Qué es el “hada rosa”, la especie que reapareció en Mendoza

Un nuevo avistamiento del pichiciego menor en Argentina volvió a entusiasmar a especialistas y guardaparques. La presencia de esta especie confirma el buen estado ambiental de la reserva mendocina.

Un reciente registro del pichiciego menor (Chlamyphorus truncatus) dentro de la Reserva de Biósfera Ñacuñán generó expectativa en el ámbito científico y ambiental de Mendoza, Argentina. El hallazgo fue corroborado por guardaparques y vecinos de la zona. Esta es una de las especies más esquivas del país y un indicador clave de equilibrio ecológico.

Con un tamaño que oscila entre los 7 y 11 centímetros y un caparazón rosado pálido que le valió el apodo de “hada rosa”, el pichiciego es considerado el armadillo más pequeño del mundo. 

Su actividad nocturna y su vida casi completamente subterránea hacen que cada aparición sea extraordinaria. Incluso misiones científicas internacionales pasaron meses en terreno sin lograr observar un ejemplar.

“Cada vez que registramos un pichiciego estamos frente a una señal concreta de que el ecosistema funciona”, afirmó Ignacio Haudet, director de Biodiversidad y Ecoparque, tras confirmarse el nuevo avistamiento en Ñacuñán.

Un santuario natural clave para la especie

La reaparición del pequeño mamífero vuelve a poner en foco el valor estratégico de las 12.600 hectáreas protegidas en la reserva. En ese territorio se conservan algarrobales y jarillales nativos, además de suelos arenosos y compactos, fundamentales para que la especie pueda excavar sus complejas galerías.

Haudet subrayó además: “La Reserva de Biósfera Ñacuñán demuestra que, cuando protegemos integralmente el territorio —el suelo, la flora y los procesos naturales—, garantizamos condiciones reales para especies extremadamente sensibles. Este registro tiene un enorme valor biológico y también simbólico para Mendoza”.

En la misma línea, Iván Funes Pinter, director de Áreas Protegidas, destacó: “Este registro confirma que las áreas protegidas cumplen su función esencial. Ñacuñán no conserva solo paisajes, conserva dinámicas ecológicas completas que permiten la supervivencia de especies únicas. Este registro demuestra que las áreas protegidas funcionan”.

El rol ecológico del pichiciego en el monte mendocino

Adrián Gorrindo, jefe del Departamento de Fauna, explicó que la aparición del animal funciona como un indicador biológico preciso: “El pichiciego necesita suelos estables, sin alteraciones mecánicas severas ni contaminación. Donde aparece, hay equilibrio ecológico. Por eso cada registro tiene un enorme valor científico”.

Aunque rara vez se deja ver, este pequeño mamífero cumple funciones esenciales en los ecosistemas áridos del monte. Se alimenta principalmente de hormigas y larvas, y contribuye a regular sus poblaciones. Además, al excavar, favorece la aireación del suelo y mejora la infiltración del agua.

En Mendoza, el pichiciego está declarado Monumento Natural Provincial por la Ley 6599, lo que implica un régimen especial de protección. Desde la Dirección de Biodiversidad y Ecoparque recuerdan que es una especie extremadamente sensible al estrés y que no sobrevive en cautiverio. 

Ante un eventual encuentro, recomiendan no manipularlo, mantener distancia y avisar de inmediato a las autoridades o al 911.

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