Playa y bienestar: cómo el mar impacta en el cerebro y las emociones

El rumor de las olas y la inmensidad del horizonte no solo invitan a desconectar sino que también activan procesos biológicos que favorecen la calma, el descanso y la sensación de felicidad. La ciencia denomina a este fenómeno “mente azul” y lo vincula con la liberación natural de hormonas asociadas al bienestar.

Pasar tiempo frente al mar, en un lago o a la vera de un río puede tener efectos concretos sobre la salud mental. Investigaciones coinciden en que los llamados “espacios azules” ayudan a disminuir el estrés, mejorar la calidad del sueño e incluso modificar la percepción del dolor. 

El concepto “Blue Mind” describe precisamente ese estado de serenidad y plenitud que se experimenta en contacto con el agua. Distintos trabajos científicos sostienen que la cercanía a estos paisajes influye en procesos fisiológicos y cognitivos que impactan en el bienestar general.

La doctora Alejandra Gómez, médica psicoanalista, psiquiatra y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA), explicó a Infobae que tanto los espacios verdes como los azules funcionan como agentes desestresores y promotores de salud.

“Hay un interés creciente en las formas en que los entornos naturales influyen en el desarrollo y la progresión de las condiciones de salud a largo plazo. La vegetación y los cuerpos de agua, también conocidos como espacios verdes y azules, tienen el potencial de afectar la salud y el comportamiento al proporcionar lugares estéticos para la relajación, la socialización y la actividad física”, describió la especialista.

El mar, perspectiva y asombro

La escritora Catherine Kelly, autora del libro Blue Spaces: How and Why Water Can Make You Feel Better, sostiene que parte del efecto reparador del mar se explica por su escala. El sonido rítmico de las olas y la amplitud del horizonte generan una experiencia sensorial que invita a enfocar la atención en lo vasto.

Según su mirada, contemplar el océano despierta una sensación de asombro que permite tomar distancia de las preocupaciones cotidianas y sentirse parte de algo mayor. Esa perspectiva favorece la reducción del estrés, fortalece el sentido de propósito y puede estimular conductas más altruistas.

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