Los satélites registran olas de la altura del Arco de Triunfo
Durante la tormenta Eddie de diciembre de 2024, satélites midieron mareas cercanas a los 20 metros. Este hallazgo proporciona nuevas perspectivas sobre cómo nacen y se dispersan las olas más extremas del planeta.
En diciembre de 2024, la tormenta Eddie dejó una huella en los océanos del mundo al generar algunas de las olas más grandes jamás registradas desde el espacio. Con el altímetro de la misión SWOT de la Agencia Espacial Europea, los científicos midieron olas de hasta 19,7 metros de altura, un récord histórico. La altura de estas olas, son comparables con la del Arco de Triunfo de Francia.
Este tipo de fenómenos, antes conocidos principalmente por modelos numéricos y relatos de marinos, ahora pueden ser observados directamente desde el espacio.
El viaje de las olas a través del océano
El equipo de investigación, liderado por el oceanógrafo Fabrice Ardhuin, analizó las mediciones de SWOT junto a los datos de otros satélites altimétricos y bases de datos de oleaje de décadas pasadas. El estudio reveló que, incluso cuando el cielo se calmó en el centro de la tormenta, las olas aún viajaban por miles de kilómetros a través de los océanos. Desde el Pacífico Norte hasta el Atlántico tropical, la marejada originada por Eddie cubrió una distancia impresionante de unos 24 mil kilómetros.
A lo largo de este trayecto, los satélites pudieron medir olas con longitudes de hasta 1.360 metros, mucho más largas de lo que se anticiparon.
Las olas más largas no son las más peligrosas
Uno de los descubrimientos más reveladores del estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, es que las olas más largas no transportan tanta energía como se pensaba. Los modelos empíricos utilizados hasta ahora en ingeniería y meteorología sobreestiman hasta veinte veces la energía de las olas más largas.
Sin embargo, descubrieron que las olas dominantes, con periodos cercanos a los 20 segundos, concentran la mayor parte de la energía de una tormenta y son las que representan un mayor peligro para embarcaciones y plataformas en alta mar.
Este hallazgo es clave para mejorar la seguridad en el diseño de infraestructuras marinas como plataformas petrolíferas y parques eólicos flotantes, que deben ser capaces de resistir las olas más altas y energéticas generadas durante tormentas extremas.




