Los nuevos hallazgos del rover Curiosity en Marte

Un grupo de investigadores internacionales identificó más de una veintena de partículas orgánicas complejas resguardadas en el cráter Gale durante eones. El descubrimiento realizado mediante experimentos de química húmeda permite evaluar con mayor precisión si el entorno vecino fue habitable en el pasado remoto.

La exploración espacial identificó un catálogo de sustancias sofisticadas en el cuarto planeta del sistema solar. El vehículo robótico de la NASA logró extraer información valiosa de sedimentos con una antigüedad de 3.500 millones de años y demostró que la materia orgánica es capaz de resistir el paso del tiempo y la radiación extrema. 

Este escenario químico se localizó en una zona estratégica del cráter Gale, donde la abundancia de arcilla actuó como un escudo protector para estos antiguos registros.

El análisis arrojó un saldo de más de 20 moléculas distintas, de las cuales siete representan un hallazgo inédito en la superficie del mundo rojo. Estos componentes incluyen fragmentos con presencia de azufre, oxígeno y nitrógeno, lo que expande significativamente el conocimiento previo sobre la diversidad química de la región. Los científicos destacan que esta variedad sugiere una complejidad mayor a la esperada inicialmente en suelos ricos en minerales arcillosos que alguna vez albergaron lagos y arroyos.

Innovación tecnológica en el suelo marciano

Para lograr este avance, el laboratorio SAM (Análisis de Muestras en Marte), situado en el interior del Curiosity, empleó un método de química húmeda con un reactivo potente conocido como TMAH (hidróxido de tetrametilamonio). Esta técnica permitió romper los enlaces químicos de las muestras sólidas recolectadas en el sitio “Mary Anning 3”, que liberaba fragmentos que de otro modo habrían permanecido indetectables para los instrumentos convencionales. El uso de este disolvente líquido fue fundamental para descomponer estructuras de gran tamaño en partes analizables por el espectrómetro de masas del rover.

Entre los resultados más impactantes se encuentra la detección de compuestos cíclicos y aromáticos, tales como el benceno, tolueno y naftaleno. No obstante, el protagonismo se lo llevó un heterociclo nitrogenado, una estructura que se considera precursora de las moléculas de ARN y ADN. Según explicó la doctora Williams: “Esa detección es sumamente significativa, ya que estas estructuras pueden ser precursores químicos de moléculas que contienen nitrógeno más complejas”.

Adicionalmente, se confirmó por primera vez la existencia de benzotiofeno en el suelo marciano, una molécula que contiene tanto carbono como azufre. Este tipo de sustancias son comunes en ciertos meteoritos que impactaron en diversos cuerpos del sistema solar a lo largo de su historia. 

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