Las mejores amistades pueden sincronizar los cerebros

Un estudio científico revela que los vínculos cercanos comparten patrones neuronales al procesar estímulos cotidianos. La investigación aporta nuevas pistas sobre la química social que une a las personas más allá de gustos o afinidades visibles.

Desde hace décadas, la ciencia sabe que las personas tienden a elegir amigos que se les parecen en múltiples aspectos, como la edad, la educación, la religión o las ideas políticas. Ese fenómeno, conocido como homofilia, aparece tanto en sociedades modernas como en comunidades de cazadores recolectores y explica parte de cómo se forman los lazos sociales.

Sin embargo, investigaciones sugieren que la similitud entre amigos va aún más lejos. Científicos aseguran que los cerebros de las amistades cercanas reaccionan de manera notablemente parecida cuando observan videos breves, con patrones coincidentes de atención, distracción, interés y aburrimiento.

Las coincidencias fueron tan marcadas que los investigadores lograron predecir la intensidad del vínculo social entre dos personas únicamente a partir de sus respuestas neuronales. “Me sorprendió la excepcional magnitud de la similitud entre amigos”, comentó Carolyn Parkinson, científica cognitiva de la Universidad de California en Los Ángeles.

Qué revela el cerebro sobre la amistad

El estudio fue realizado por Parkinson junto con Thalia Wheatley y Adam M. Kleinbaum, de Dartmouth College, y publicado en la revista Nature Communications. Los participantes observaron videos sobre temas variados, desde deportes y ciencia hasta escenas de humor, mientras se registraba su actividad cerebral.

“Nuestros resultados sugieren que los amigos son similares en cuanto a la forma en que ponen atención y procesan el mundo que los rodea”, explicó Parkinson. “Ese procesamiento compartido podría hacer que la gente se vincule más fácilmente y tenga el tipo de interacción social sin roces que puede ser tan gratificante”.

Para los autores, estos hallazgos respaldan la idea de que la amistad no se basa solo en intereses comunes o coincidencias sociales, sino en una auténtica “buena química” mental.

Cómo se hizo el experimento

Los investigadores trabajaron con una red social bien definida: 279 estudiantes universitarios que se conocían entre sí. A partir de encuestas sobre con quiénes compartían actividades cotidianas, los científicos mapearon distintos grados de cercanía social, desde amigos íntimos hasta conocidos lejanos.

Luego, 42 de esos estudiantes aceptaron someterse a escaneos cerebrales mediante resonancia magnética funcional mientras miraban una serie de videos. El análisis reveló que cuanto más estrecha era la relación entre dos personas, más similares eran sus patrones de actividad neural.

Las coincidencias más claras aparecieron en áreas como el núcleo accumbens, vinculado al procesamiento de la recompensa, y el lóbulo parietal superior, relacionado con la atención. Con esos datos, los científicos desarrollaron un algoritmo capaz de predecir la distancia social entre dos individuos con una precisión muy superior al azar.

Amistad y salud: un vínculo clave

Numerosos estudios demográficos muestran que la falta de vínculos sociales puede ser tan perjudicial para la salud como factores de riesgo clásicos como la obesidad, la hipertensión o el tabaquismo.

Nicholas Christakis, biosociólogo de la Universidad de Yale, y sus colegas demostraron que las personas con lazos sociales fuertes presentan niveles más bajos de fibrinógeno, una proteína asociada con la inflamación crónica. Aun así, los mecanismos que explican este efecto protector siguen sin estar del todo claros.

“El estudio sugiere que los amigos se parecen no solo de manera superficial, sino también en su estructura cerebral”, señaló Christakis, autor de Connected: The Power of Our Social Networks and How They Shape Our World.

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