La Sexión: ¿Qué son las femcels?
La Lic. Noelia Benedetto nos cuenta qué son las femcels, un término que comenzó a instalarse en foros e internet y categoriza la experiencia de mujeres que se sienten fuera del mercado del amor y el sexo.

Cada tanto, internet produce una palabra nueva para nombrar un malestar que, en realidad, existía desde mucho antes. Ahora es el turno de las femcel, un término que en poco tiempo dejó de circular únicamente en foros para instalarse en redes como una categoría aparentemente capaz de explicar la experiencia de miles de mujeres heterosexuales que sienten que quedaron por fuera del mercado del amor y del sexo.
La palabra femcel proviene de la expresión inglesa female involuntary celibate, es decir, “célibe involuntaria”. En principio, parecería referirse a socializadas mujeres hetero que desean mantener vínculos sexoafectivos y no logran hacerlo. Pero esa definición resulta insuficiente. Hay personas que atraviesan años sin vínculos o sin relaciones sexuales sin construir alrededor de esa experiencia una identidad específica.
Del mismo modo, existen mujeres que mantienen relaciones ocasionales y aun así se reconocen como femcel porque sienten que nunca son verdaderamente deseadas, elegidas o valoradas. El fenómeno no gira exclusivamente alrededor de la ausencia de sexo. En realidad, habla de de la experiencia sostenida en el tiempo de sentirse excluida del reconocimiento erótico y afectivo.
Muchas veces se confunde con el término volcel, la diferencia principal está en la voluntariedad: femcel se refiere a mujeres que padecen un celibato involuntario por no encajar en los cánones estéticos, mientras que volcel describe a quienes eligen la abstinencia sexual de forma consciente y voluntaria.
Incel y femcel no son sinónimos
Durante mucho tiempo, la cultura occidental construyó el deseo masculino como una necesidad inevitable y el deseo femenino como algo secundario o pasivo. A las mujeres se les enseñó que el amor llegaría si eran suficientemente pacientes,comprensivas, lindas o buenas. La promesa era clara: si hacían todo “bien”, tarde o temprano serían elegidas. Cuando esa promesa de felicidad fracasa, no solamente aparece la frustración; también comienza a resquebrajarse una parte de la identidad construida alrededor de ese mandato.
Por eso, sería un error pensar que las femcel constituyen simplemente el espejo femenino de los incels. Aunque comparten el sufijo “cel” con los “incels” masculinos, gran parte de las mujeres que se identifican con este movimiento marcan una distancia con ellos. Si bien ambos fenómenos compartan el sentimiento de exclusión afectiva, las condiciones culturales que los producen son distintas, la diferencia entre femcel e incel radica en la dirección de su frustración. Los espacios incel surgieron, en gran medida, organizados alrededor de una narrativa de resentimiento hacia las mujeres, a quienes responsabilizan por negarles aquello que consideran un derecho: el acceso al sexo, al cuerpo femenino, al amor o al reconocimiento. En sus versiones más extremas, esa lógica llegó incluso a justificar discursos de odio y episodios de violencia. Las femcel rechazan esta dinámica, los catalogan como misóginos violentos y se alejan de las estructuras de poder masculinas que otorgan valor a las mujeres solo cuando son deseables. No se trata de una frustración dirigida hacia los hombres por la exclusión del deseo, sino de una crítica a la dominación femenina y a la idea de que el valor de una mujer depende de su sumisión o conformidad con los estándares de belleza y conducta hegemónicos.
Las comunidades identificadas como femcel presentan una configuración heterogénea. Algunas reproducen discursos de hostilidad hacia los varones, generalizaciones sobre las relaciones sexoafectivas o formas de misandria; otras, en cambio, pueden reproducir misoginia internalizada al sostener ideales restrictivos sobre la feminidad, el cuerpo o el valor de las mujeres en función de su deseabilidad.
¿Qué ofrece una etiqueta como esta que no ofrecían otras formas de nombrar la soltería?
Los algoritmos premian aquello que genera identificación inmediata, emoción intensa y permanencia en pantalla. Decir “soy femcel” requiere apenas una palabra para condensar una enorme cantidad de experiencias: inseguridad corporal, ansiedad social, rechazo amoroso, comparación constante con otras socializadas mujeres, frustración sexual, baja autoestima o sensación de fracaso.
Sin embargo, esa misma simplificación también encierra un riesgo. Cuando una persona encuentra una identidad que explica todo lo que le sucede, comienza a interpretar la realidad a través de ese único filtro. Cada cita fallida confirma que el problema es irreversible, cada vínculo que no prospera se convierte en una nueva prueba de que nunca será elegida, cada pareja ajena funciona como evidencia de que existe un mundo del que quedó excluida.
Reducir el fenómeno femcel a un problema individual sería igualmente simplista, ya que hay una cuestión estructural de fondo. Del mismo modo que algunos discursos incel sostienen que “todas las mujeres prefieren a los mismos hombres”, ciertas narrativas femcel terminan afirmando que “todos los varones sólo desean determinado tipo de mujeres”. En ambos casos desaparecen las diferencias individuales, el otro deja de ser una persona para convertirse en un representante de una categoría.
¿Reacción antifeminista?
También hay que evitar otra simplificación frecuente: interpretar a las femcel como una reacción antifeminista. Si bien algunos sectores intentan presentar el fenómeno de ese modo, la realidad es que muchas de las mujeres que utilizan esta etiqueta adhieren a ideas feministas, cuestionan los mandatos tradicionales sobre la pareja y critican las desigualdades de género. Su malestar no necesariamente expresa un rechazo al feminismo, sino la frustración que produce comprobar que los cambios culturales no eliminaron las inseguridades, las violencias simbólicas ni las desigualdades que siguen atravesando el campo del deseo. El feminismo nunca prometió que todas las mujeres serían deseadas por igual, sino que se encargó de cuestionar un sistema que convierte el valor de las personas en función de cuánto se ajustan a determinados mandatos.
Las femcel también son mujeres que experimentan la exclusión del deseo romántico y sexual, ya sea porque no cumplen con el ideal “belleza femenina” o por una decisión consciente de no someterse a las normas de género impuestas. La femcel puede ser leída como una propuesta de resistencia contra la cosificación y el mandato de (Etsy Quesada), de ser deseables antes.
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Los titulares se desprenden de las consultas que propone la audiencia en @lic.noeliabenedetto
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