La Sexión: ¿Qué es el bud sex?

La Lic. Noelia Benedetto hace doble clic sobre la heterosexualidad masculina y los grises sin costos social que se pueden encontrar en la exploración: el bud sex.

Por estos días se viralizó una noticia con el titular: “Hombres heterosexuales que tienen sexo con otros hombres”. En redes circula con nombre propio —bud sex—, entre memes, y debates…

¿De qué hablamos cuando hablamos de bud sex?

El término bud sex no nació en redes sociales sino que fue popularizado por el sociólogo Tony Silva a partir de su investigación etnográfica publicada en 2017, donde analizó encuentros sexuales entre varones en contextos rurales de Estados Unidos. “Bud” (que en inglés coloquial significa “amigo”, “compañero”) alude a cómo estos vínculos se narran y se viven, más cerca de la camaradería masculina que de una orientación sexual. El concepto buscó describir una práctica específica sin forzarla a encajar en categorías como “gay” o “bisexual”.

El término se usa para describir encuentros sexuales entre varones cuya orientación es heterosexual. Esta investigación lo que pone en evidencia es que los guiones sexuales no dicen nada de tu orientación sexual y que las etiquetas no siempre alcanzan para explicar lo que las personas hacen en la intimidad.

En salud sexual se utiliza la categoría “hombres que tienen sexo con hombres” (HSH) para hablar de prácticas, independientemente de cómo cada persona se nombre. Es decir: alguien puede decirse heterosexual y, sin embargo, haber tenido sexo con otros varones. También llamados flexisexuales o bi-curiosas, las heteroflexibles son aquellas personas que aunque son predominantemente heterosexuales, pueden sentirse atraídas en algún momento por alguien de su mismo u otro género. Son personas heterosexuales, pero no exclusivamente.

La falacia de la coherencia perfecta

Nos educaron con una idea bastante rígida de la sexualidad: si sos heterosexual, te atraen las personas del “género opuesto”; si sos gay, te gustan las del mismo; si sos bisexual, ambas (en realidad serían de tu mismo y otro género). Fin. Pero en la vida real, las cosas no funcionan así de lineales. Hay personas que sienten atracción pero no la llevan al plano de la actividad. Otras que llevan a cabo ciertas prácticas sin que eso haga una marca en su orientación. Hay quienes prueban, exploran, dudan, cambian, o directamente no necesitan definirlo.

Esto puede generar contradicciones en algunas personas, es decir, estamos tan formateados desde los mandatos heterosexuales que se nos comienzan a arder los libros. Entonces aparece la necesidad de “explicar”: si un varón tiene sexo con otro varón, se dicen cosas como: ¿no será en realidad gay? ¿O bisexual y no lo acepta? ¿Está confundido? ¿Reprimido?

No siempre hay una etiqueta esperando ser encontrada. A veces hay experiencias que tienen que ver con la fluidez sexual. En lugar de encajar en categorías estrictas, las personas con sexualidad fluida pueden experimentar atracción hacia diferentes géneros en momentos diferentes de sus vidas sin que eso modifique la orientación sexual y/o afectiva con la que se nombran.

Masculinidad frágil

Si el bud sex genera tanto ruido, no es por el sexo en sí. Es por lo que pone en juego en términos de masculinidad. Muchos de los relatos que se estudian sobre este fenómeno tienen algo en común: reglas implícitas. Nada de besos. Nada de afecto. Nada de “romanticismo”. Nada que pueda ser leído como “gay”. ¿El objetivo? Que la práctica no amenace la identidad ni la orientación. En otras palabras: no es solo “qué hago”, sino “cómo lo cuento para seguir siendo quien soy”.

Y ahí aparece un punto clave porque la heterosexualidad, en muchos contextos, no es solo una orientación, sino una posición de privilegio. Ser heterosexual implica pertenecer, no ser cuestionado, no perder estatus. Entonces, sostener esa orientación puede volverse más importante que reconocer un cambio en ella.

¿Flexibilidad sexual o efecto de la homofobia?

Hay dos formas de leer este fenómeno. Una dice: “la sexualidad es más fluida de lo que creíamos”. La otra: “esto pasa porque todavía hay mucha homofobia internalizada” (y mucho homoodio también). Es cierto que hay una evidencia creciente de que el deseo es más flexible de lo que solemos admitir. Pero también es cierto que muchas de estas prácticas ocurren en contextos donde ser abiertamente gay o bisexual sigue teniendo costos. Entonces, ¿qué pasa? Que el deseo encuentra formas de expresarse… siempre y cuando no ponga en riesgo la identidad y orientación pública. Por eso muchas veces el discurso que acompaña estas prácticas es: “esto no significa nada”, “es solo físico”, “no soy como esos”.

¿Quién puede “no definirse”?

No todas las personas tienen el mismo margen para moverse en estas ambigüedades. Un varón heterosexual puede tener experiencias con otros varones y seguir siendo leído como “normal”. En cambio, una persona que se identifica como gay o bisexual históricamente ha tenido que enfrentarse a discriminación, estigma o exclusión. Entonces, algunas críticas señalan que el bud sex permite a ciertos varones acceder a prácticas homoeróticas sin asumir los costos sociales de salirse de la heterosexualidad.

No se trata de caer en una especie de “policía de identidades y orientaciones” que obligue a las personas a definirse de una manera determinada. En primera y última instancia lo que define la orientación sexual y/o afectiva de alguien es la persona misma.

Lo que el bud sex deja al descubierto

Quizás el mayor aporte de este fenómeno no sea el término en sí, sino lo que deja ver:

  • Que la heterosexualidad no siempre es tan “exclusiva” como se presenta.
  • Que la masculinidad sigue necesitando blindajes para no resquebrajarse.
  • Que el deseo puede ir por un lado y la orientación o identidad por otro.
  • Y que muchas veces sostenemos semblantes o máscaras más por presión cultural que por convicción o deseo personal.

Tanto las atracciones como las orientaciones pueden cambiar a lo largo de la vida. La orientación es un hecho para quien la enuncia, pero no siempre dicta la última palabra sobre quién nos atrae.

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Los titulares se desprenden de las consultas que propone la audiencia en @lic.noeliabenedetto

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