La Sexión: Propofest y chemsex

La Lic. Noelia Benedetto analiza el caso de la Propofest y su vinculación con el chemsex, el consentimiento y la sumisión química.

La prensa argentina empezó a hablar de Propofest para nombrar una trama de fiestas clandestinas, robo de fármacos hospitalarios y consumo recreativo de propofol y fentanilo, a partir de la muerte de un anestesiólogo y un enfermero en Palermo y de otra investigación paralela por sustracción de medicamentos en el Hospital Italiano. Esto reflotó el concepto de del chemsex.

¿De qué estamos hablando?

La Propofest: prefijo “propo” remite al propofol, un anestésico de uso hospitalario, que puede producir depresión respiratoria profunda y apnea; el otro componente, el fentanilo, es un opioide potente, capaz de causar sobredosis fatal incluso en cantidades pequeñas. En contextos sexuales la falta de oxígeno puede aumentar el goce en algunas personas. Pero no estamos hablando de una sustancia “que relaja un poco”, sino de fármacos cuyo uso seguro exige monitoreo, equipamiento de emergencia y personal entrenado.

El chemsex (contracción del inglés chemical sex, sexo químico) es otra cosa, aunque comparta con algunas “Propofest” la escena de sexo y drogas. El término se usa para describir el uso de sustancias psicoactivas de forma intencionada antes o durante el sexo con el objetivo de intensificar, prolongar, modificar la experiencia. Las sustancias que aparecen con mayor frecuencia en este contexto son tres: el GHB/GBL (“éxtasis líquido”, aunque no tiene relación química con el MDMA), la metanfetamina y la mefedrona. El GHB en dosis bajas produce euforia y desinhibición; en dosis altas o combinado con alcohol, puede causar pérdida de conciencia, paro respiratorio o muerte. Estas sustancias son elegidas por sus efectos eufóricos, estimulantes y desinhibidores, que pueden intensificar las sensaciones y la conexión durante el sexo.

No es lo mismo que tomar alcohol antes de una cita, y esa distinción importa. Importa porque evita dos simplificaciones frecuentes. La primera es pensar que toda práctica sexual con sustancias es automáticamente una patología. La segunda, creer que chemsex equivale a “promiscuidad”. Ninguna de esas lecturas ayuda a comprender por qué algunas personas recurren a un uso sexualizado de sustancias. El chemsex no es simplemente el uso de sustancias y sexo en simultáneo; es una práctica con reglas, rituales y dinámicas específicas. 

Para entender mejor

  • GHB/GBL: Sustancia de acción rápida, pueden producir relajación y euforia. La diferencia entre una dosis recreativa y una dosis que provoca pérdida de conciencia es muy pequeña. Altamente peligroso combinado con alcohol.
  • Metanfetamina: Estimulante que provoca euforia, aumento del deseo sexual y energía. Puede prolongar los encuentros sexuales. Aumenta significativamente el riesgo dedaño en los vasos sanguíneos, sobredosis y problemas cardiovasculares, cuadros psicóticos en usos prolongados.
  • Mefedrona: Estimulante que provoca efectos similares a los de la MDMA y la cocaína. La inyección puede intensificar los efectos eufóricos y eróticos. Elevado riesgo de sobredosis, daño en los tejidos.
  • Propofol: Anestésico de uso hospitalario. Su administración fuera de un contexto médico es extremadamente peligrosa y puede ser letal. No tiene antídoto específico.

Importante: ninguna de estas sustancias debe administrarse sin consentimiento explícito. Si no hay consentimiento es violencia (sumisión química) y hacerlo es un delito en la mayoría de las legislaciones.

¿Quiénes practican chemsex? Rompiendo el estereotipo

Existe una narrativa dominante que asocia el chemsex casi exclusivamente a hombres que tienen sexo con hombres (HSH), particularmente en comunidades gay y personas trans*, esto es un sesgo de género ya que no pertenece a una identidad cerrada ni a una orientación sexual específica. La práctica existe también entre mujeres heterosexuales y personas de diferentes orientaciones. También puede incluir múltiples prácticas sexuales, múltiples sustancias y contextos muy distintos. 

El consentimiento

Cuando el deseo se encuentra con sustancias sedantes o desinhibidoras, el consentimiento deja de ser un plano estable. Si bien la definición frecuente de consentimiento implica que es afirmativo, explícito, voluntario, consciente y que puede revocarse en cualquier momento; se sugieren pensar y realizar acuerdos de antemano de tipo metaconsenso para hablar de límites, expectativas, apoyos, hábitos, sustancias, preferencias, conocer interacciones con otras medicaciones o sustancias, cuidarse entre quienes participan y buscar servicios de salud que no moralicen; también conversar sobre pruebas de ITS, vacunación, información sobre PrEP y PEP, y recaudos del equipo limpio cuando hay prácticas con inyectables.

Pero lo cierto es que incluso si algo fue acordado antes, bajo el efecto de sustancias puede cambiar la capacidad de decidir y también cambiar nuestra decisión y acá tenemos el límite entre chemsex y sumisión química. 

Lo que debería quedar después del escándalo

El chemsex y la propofest nos incomodan porque nos obligan a hablar de sexo, drogas, consentimiento y riesgos al mismo tiempo. Pero la incomodidad no es razón para el silencio. No se trata de condenar. Se trata de mirar lo que está pasando y de construir, colectivamente, los recursos para que nadie tenga que elegir entre el deseo y la seguridad. 

Si conocés a alguien que participa en estos circuitos, la forma más inútil de ayudarlo es juzgarlo. La más efectiva es asegurarte de que tenga información sobre reducción de daños, que sepa que puede pedir ayuda sin que eso implique una condena. Y si sos alguien que participa en estas prácticas o que está considerando hacerlo: tenés derecho a tu sexualidad y a tus decisiones. También tenés derecho a información real. El placer y la seguridad no son opuestos. Pero requieren condiciones: conocer las sustancias que circulan, tener a alguien de confianza que sepa dónde estás, tener claras las interacciones entre sustancias, cuestiones que hacen al consentimiento y saber que si algo se siente mal es válido parar, salir y pedir ayuda.

Este artículo tiene fines informativos y de reflexión crítica. No reemplaza la consulta con profesionales de salud. Los nombres de sustancias se mencionan con propósito educativo y de reducción de daños.

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Los titulares se desprenden de las consultas que propone la audiencia en @lic.noeliabenedetto

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