La Sexión: ¿Por qué nunca pude experimentar un orgasmo vaginal?
La Lic. Noelia Benedetto abre la cajita de preguntas y responde a una duda muy frecuente ¿por qué no puedo tener un orgasmo vaginal?

Es una de las consultas más frecuentes en el consultorio de sexología. “Nunca tuve un orgasmo vaginal, ¿qué me pasa?”. Quien la formula suele hacerlo con angustia, con vergüenza o con la sensación de haber quedado afuera de una experiencia que pareciera definir la sexualidad “normal” de las socializadas como mujeres. Muchas veces esa preocupación no surge de una dificultad para disfrutar, sino de la comparación con un ideal.
Cuando Freud convirtió al orgasmo vaginal en un ideal de madurez
La historia del orgasmo vaginal no comenzó en un laboratorio sino en una teoría sobre el desarrollo psicológico de las socializadas mujeres. A comienzos del siglo XX, Sigmund Freud propuso que las mujeres atravesaban un proceso de maduración sexual en el que el placer debía desplazarse desde el clítoris hacia la vagina. Desde esta perspectiva, el orgasmo obtenido mediante la estimulación del clítoris correspondía a una sexualidad inmadura, mientras que la mujer psicológicamente madura alcanzaría el orgasmo durante la penetración.
Hoy sabemos que aquellas afirmaciones respondían más al contexto histórico y a los conocimientos limitados de la época que a evidencia científica. Sin embargo, durante décadas, numerosos profesionales interpretaron que las mujeres que no experimentaban orgasmos durante el coito padecían inmadurez emocional, conflictos inconscientes o dificultades en su desarrollo psicosexual.
El problema de este planteo no fue únicamente teórico, también tuvo consecuencias clínicas. Muchas mujeres fueron sometidas a tratamientos psicológicos para corregir un problema que, en realidad, nunca había sido demostrado como tal, en lugar de cuestionarse la teoría, se cuestionaba el cuerpo de las personas con vulva.
Esta manera de comprender la sexualidad consolidó la idea aún vigente de que la penetración representa la forma “correcta” de llegar al orgasmo.
La historia de Marie Bonaparte
Pocas historias ilustran mejor el impacto de este mito que la de la princesa Marie Bonaparte, sobrina nieta de Napoleón, paciente de Freud. Bonaparte nunca lograba alcanzar orgasmos durante la penetración y estaba convencida de que existía un defecto anatómico que lo explicaba. Influida por las ideas de la época, comenzó a investigar la distancia entre el clítoris y la entrada vaginal, convencida de que cuanto mayor fuera esa distancia, menores serían las posibilidades de experimentar el denominado orgasmo vaginal.
Su obsesión llegó a un punto extremo: allá por 1930 se sometió a varias intervenciones quirúrgicas para reposicionar el clítoris y acercarlo a la vagina, ninguna cirugía produjo el resultado esperado.
El problema nunca había sido su anatomía, lo que estaba equivocado era el supuesto de que todas las socializadas mujeres debían responder sexualmente de la misma manera y que la penetración constituía el camino privilegiado hacia el orgasmo.
La historia de Bonaparte muestra hasta dónde puede llegar una persona cuando internaliza un mito, o la idea de que su cuerpo necesita ser corregido para adaptarse a un ideal.
El mito del orgasmo vaginal
En 1970 Anne Koedt cuestionó la división entre orgasmo vaginal y orgasmo clitoriano. Su argumento era: la evidencia anatómica mostraba que el órgano especializado en el placer sexual era el clítoris, por lo que resultaba difícil sostener que el orgasmo provocado exclusivamente por la vagina constituyera el estándar de una sexualidad saludable.
Koedt denunció que el prestigio otorgado al orgasmo vaginal respondía más a una lógica patriarcal que a una realidad biológica. Si la penetración era el centro del placer masculino, la sexualidad femenina había sido interpretada bajo ese mismo esquema. El modelo dominante tomó la experiencia de los socializados varones como medida universal y esperaba que las mujeres respondieran de manera idéntica.
Lo que sabemos hoy sobre el orgasmo en personas con vulva
Los avances en anatomía y neurociencias permitieron comprender que la realidad es mucho más compleja. Las investigaciones demostraron que el clítoris no es un órgano superficial, sino más extenso, cuyas raíces internas rodean parcialmente la vagina y forman parte de una compleja red de tejidos eréctiles. Muchas de las experiencias orgásmicas que históricamente fueron atribuidas a la vagina probablemente involucren, en realidad, la estimulación indirecta del complejo clitoriano.
La investigación también muestra que la mayoría de las socializadas mujeres necesita algún grado de estimulación clitoriana (directa o indirecta) para vivenciar el orgasmo. La penetración por sí sola no suele ser suficiente. Esto no representa una falla, una inmadurez ni una disfunción, simplemente refleja la diversidad con la que responden las corporalidades.
Pretender que todas las mujeres deberían alcanzar el orgasmo exclusivamente mediante el coito sería tan absurdo como esperar que todas las personas disfruten exactamente de los mismos estímulos. ¿Cuántas mujeres llegaron a creer que había algo defectuoso en sus cuerpos por intentar cumplir con una expectativa que nunca tuvo un verdadero respaldo biológico?
Cuando el problema no está en el cuerpo sino en las expectativas
En la consulta es frecuente escuchar a socializadas mujeres que disfrutan de su sexualidad, que experimentan orgasmos mediante estimulación o durante distintas prácticas y que, sin embargo, sienten que “les falta algo” porque nunca llegaron al orgasmo únicamente con la penetración. Lo que genera sufrimiento no es la respuesta sexual en sí misma, sino la interpretación que hacen de ella.
Ese malestar suele estar alimentado por múltiples discursos, incluso todavía existen mensajes provenientes de profesionales que continúan reproduciendo la idea de que el orgasmo vaginal constituye una meta superior.
Tal vez nunca fue necesario aprender a tener un orgasmo vaginal
Durante más de un siglo, millones de mujeres crecieron creyendo que el orgasmo vaginal representaba el sello de una sexualidad adulta. Esa idea atravesó manuales médicos, teorías psicológicas, películas, revistas y conversaciones cotidianas. Sin embargo, la evidencia científica desestima ese supuesto.
Abandonar el mandato de conseguir el orgasmo vaginal no implica negar que algunas socializadas mujeres disfruten de la penetración o alcancen orgasmos durante ella. Significa, simplemente, dejar de pensar que existe una única manera correcta de experimentar placer.
Tal vez la pregunta más importante ya no sea “¿por qué nunca tuve un orgasmo vaginal?”, sino “¿por qué durante tanto tiempo nos hicieron creer que ese era el orgasmo realmente válido?”.
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Los titulares se desprenden de las consultas que propone la audiencia en @lic.noeliabenedetto
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