La Sexión: ¿Por qué el Estado cubre las cirugías de las personas trans* y no todas las cirugías plásticas?
La Lic. Noelia Benedetto revisa una pregunta que circula con regularidad: “¿Por qué con mis impuestos se pagan cirugías para personas trans* y no un aumento mamario para cualquier mujer que lo desee?”. En el Día de promoción de los Derechos de las personas trans*, desandamos prejuicios y lugares comunes.

En el día Día de promoción de los Derechos de las personas trans* vamos a hablar de una pregunta que circula cada vez con más fuerza: “¿Por qué con mis impuestos se pagan cirugías para personas trans* y no un aumento mamario para cualquier mujer que lo desee?” La pregunta parte de una comparación que parece lógica pero en realidad es falsa: que todas las cirugías “plásticas” son iguales.
No toda cirugía plástica es estética
No es lo mismo una cirugía estética que una intervención con indicación terapéutica. Aunque ambas modifiquen el cuerpo, no ocupan el mismo lugar dentro del sistema de salud. Cuando una mujer cis busca un aumento mamario, en la mayoría de los casos se trata de una práctica orientada a modificar una característica corporal dentro de la variabilidad esperable. Es decir, una intervención estética elegida. En cambio, cuando una persona trans* accede a una cirugía, no lo hace para “verse mejor” en términos de estándares de belleza, sino para reducir el malestar clínicamente asociado a la incongruencia entre su identidad de género y su cuerpo. Es una cirugía de afirmación de género, es terapéutica.
La medicina hace este tipo de distinciones todo el tiempo. Por ejemplo: una rinoplastia estética no suele cubrirse, pero una rinoplastia para corregir una dificultad respiratoria sí. Prácticas semejantes pueden ser estéticas o terapéuticas según su indicación clínica.
¿Qué está cubriendo el sistema de salud?
En Argentina, estas prácticas no se cubren por capricho ni por tendencia cultural. Están garantizadas por la Ley de Identidad de Género de Argentina (Ley 26.743), que reconoce el derecho a la salud integral de las personas trans*. Esto incluye el acceso a abordajes hormonales y quirúrgicos sin necesidad de diagnósticos patologizantes ni autorizaciones judiciales. Además, obliga a que tanto el sistema público como las obras sociales y prepagas cubran estos tratamientos como parte del derecho a la salud. No es un beneficio extra, es el reconocimiento de un derecho.
La salud no es solo ausencia de enfermedad
La salud también implica poder habitar el propio cuerpo con un mínimo de bienestar psíquico y social. En este sentido, las intervenciones de afirmación de género tienen efectos concretos: disminuyen el sufrimiento, mejoran la calidad de vida y reducen riesgos en salud mental. Organismos como la OMS o la Asociación Mundial Profesional para la Salud Transgénero reconocen estas prácticas como parte de la atención sanitaria cuando están indicadas. Entonces no se trata de estética, se trata de salud.
El origen del malestar también importa
Ahora bien, ¿qué pasa con una mujer cis que sufre por el tamaño de su busto? ¿Ese malestar no cuenta? Claro que cuenta, esto no invalida el padecimiento. Pero no todos los malestares tienen el mismo origen ni requieren la misma respuesta. En muchos casos, la incomodidad con el propio cuerpo en personas cis está profundamente atravesada por mandatos culturales: qué es ser “femenina”, qué cuerpos son deseables, qué características son valoradas. Los ideales de belleza producen inseguridades que luego se intentan resolver a través del consumo y la intervención corporal.
Identidad no es lo mismo que ideal
Hay una diferencia clave que suele perderse en el debate. En las cirugías estéticas, el objetivo suele ser acercarse a un ideal corporal. No es lo mismo querer “verse mejor” que necesitar que el cuerpo no contradiga quién se es. Reducir ambas situaciones a lo mismo no sólo es impreciso, sino que invisibiliza la especificidad de la experiencia trans*. En este caso no se trata de ajustar el cuerpo a un ideal estético, sino de alinear el cuerpo con la identidad de género de la persona.
Equidad no es dar lo mismo a todos
Hay otro punto clave: las políticas públicas no se organizan sólo en términos de igualdad, sino de equidad. Las personas trans* han sido históricamente excluidas del sistema de salud, del trabajo formal, de la educación, presentan peores indicadores de salud y mayores niveles de vulnerabilidad. Garantizar el acceso a estas intervenciones no es dar un privilegio, es intentar compensar una desigualdad estructural. Dar lo mismo a todas las personas cuando las condiciones de partida son desiguales no es justo, es, muchas veces, otra forma de injusticia.
¿Qué pasaría si no se cubrieran estas prácticas?
La evidencia muestra que cuando el sistema de salud no garantiza acceso, las personas no dejan de buscar soluciones, pero lo hacen en condiciones más precarias. En el caso de muchas personas trans*, esto ha implicado recurrir a prácticas clandestinas, con altos riesgos para la salud. No cubrir estas intervenciones no elimina la demanda, solo la vuelve más peligrosa.
Entonces, ¿es justo?
La sensación de injusticia suele aparecer cuando se piensa en términos individuales: “yo también lo quiero, ¿por qué no me lo cubren?”. Pero las políticas de salud no se organizan en función del deseo individual, sino del impacto colectivo, la evidencia y la reducción de desigualdades. También es importante señalar que el sistema público sí cubre cirugías mamarias en algunas personas cis, por ejemplo:
- reconstrucción tras cáncer de mama
- malformaciones congénitas
- casos severos de asimetría, desarrollo mamario ausente o hipertrofia mamaria
Tal vez la pregunta no sea por qué algunas prácticas están cubiertas, sino cómo ampliar el acceso a la salud sin recortar derechos ya conquistados.
Resumiendo
Las cirugías en personas trans* no se cubren por razones estéticas, sino porque forman parte de un abordaje de salud transicional reconocido para abordar situaciones donde la identidad autopercibida no coincide con el género asignado al nacer. En Argentina, además, están garantizadas por ley. Los sistemas públicos no cubren todas las intervenciones que podrían mejorar la autoestima, sino aquellas que tienen un impacto comprobado en la salud y que buscan reducir desigualdades estructurales.
Pensar estos temas implica dejar de ver las realidades en términos individuales y empezar a entenderlas en su contexto social.
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Los titulares se desprenden de las consultas que propone la audiencia en @lic.noeliabenedetto
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