La Sexión: Mielcitas del amor

La ⁠Lic. Noelia Benedetto⁠ nos cuenta sobre este nuevo producto que ya es un secreto a voces. ¿Qué contiene? ¿Qué efectos produce? ¿Cualquiera puede utilizarlas?

Se vende en un pequeño sobre dorado, bajo el nombre de Vital Honey, Power Honey, Royal Honey o Honey Performance, y promete de erecciones más firmes, deseo inmediato y sexo “potenciado”. En Argentina no hay regulación específica y circulan hace tiempo en kioscos, sex shops, redes sociales, aplicaciones de mensajería, plataformas online y se venden como suplementos herbales o afrodisíacos naturales.

Pero especialistas y organismos sanitarios vienen advirtiendo que detrás de algunas de estas “mielcitas del amor” puede haber algo muy distinto a la imagen natural con la que se promocionan.

¿Qué son realmente las “mieles del amor”?

Primero hay que aclarar algo importante: no todas las “mieles” que circulan son lo mismo.

  • Por un lado existe la llamada “miel del amor” como nombre popular de algunas plantas suculentas sin propiedades psicoactivas.
  • También está la “mad honey” o “miel loca”, una miel natural producida en ciertas regiones a partir del néctar de especies de Rhododendron, que contiene grayanotoxinas y puede provocar mareos, hipotensión, desorientación y pérdida del control motor. Usada históricamente como veneno de guerra ya que tiene un efecto sedante/disociativo.

Pero lo que hoy genera revuelo es otra cosa:

  • Sobres comerciales vendidos como potenciadores sexuales. Esos productos suelen presentarse como: 100% naturales, herbales, afrodisíacos, energizantes sexuales o viagra natural. El problema es que encontraron en varias marcas sustancias farmacológicas ocultas que no aparecían declaradas en el envase.

Lo “natural” como estrategia de marketing

La palabra “natural” vende tranquilidad, y justamente ahí está una de las claves del fenómeno. Muchas personas jamás tomarían un medicamento para la erección, pero sí consumirían una “miel afrodisíaca” porque la perciben como algo herbal o parecido a un suplemento. Sin embargo, organismos como la FDA de Estados Unidos los clasifica como fraude sanitario y emitieron múltiples alertas sobre productos tipo Royal Honey o Power Honey tras detectar sildenafil o tadalafilo (fármacos para la dificultad erectiva) ocultos y no declarados en el etiquetado. ¿El riesgo? Que quien las consume no sabe realmente qué está ingiriendo, y eso puede ser peligroso.

Qué puede provocar

El sildenafil y el tadalafilo son medicamentos utilizados para la dificultad erectiva. Bajo supervisión médica pueden ser seguros para muchas personas. El problema aparece cuando: se consumen sin saberlo, sin control médico, en dosis desconocidas, mezclados con otras sustancias o en personas con determinadas condiciones de salud.

Entre los posibles efectos adversos se encuentran: baja brusca de presión, mareos, palpitaciones, dolor de cabeza, desmayos, alteraciones cardiovasculares. El riesgo aumenta cuando se combinan con alcohol ya que puede generar cuadros de hipotensión intensa y pérdida de consciencia.

Los prospectos de los fármacos erectógenos advierten que el uso con cantidades importantes de alcohol puede producir hipotensión, y que la combinación con nitratos está contraindicada porque potencia la caída de presión. Traducido al criollo: en un contexto de fiesta, cena, salida o encuentro donde ya hay alcohol de por medio, tomar un producto del que no se conoce la composición real puede terminar en mareos, descompensación o desmayo.

Sexo, rendimiento y presión masculina

El fenómeno de las “mielcitas del amor” también habla de la enorme presión cultural sobre el rendimiento sexual masculino. Vivimos en una cultura donde muchos varones sienten que: siempre tienen que tener deseo, responder, “funcionar”, sostener una erección a tope. Y alrededor de esa ansiedad apareció un mercado que vende soluciones express, mágicas y secretas.

La presión por “rendir”, la idea de que el cuerpo tiene que responder y la vergüenza alrededor de la consulta profesional hacen un combo perfecto para que un producto dudoso parezca una salida rápida. La propia FDA encuadra estos artículos dentro de los productos que explotan la ansiedad por el desempeño sexual, algo que ayuda a entender por qué se consumen aunque no se sepa bien qué tienen.

Las socializadas mujeres las utilizan para aumentar la sensibilidad y favorecer la lubricación.

La promesa es tentadora, pero detrás de ese marketing muchas veces hay desinformación y riesgos para la salud. El problema no es únicamente el producto, el problema es la lógica cultural que habilita su circulación despreocupada. Porque cuando algo se vende prometiendo “mejor sexo” sin explicar riesgos, composición ni efectos reales, lo que queda en segundo plano es el cuidado.

Cuando el problema deja de ser sanitario y pasa a ser legal

Acá aparece otra cuestión, si una persona administra este tipo de sustancias a otra sin consentimiento o sin informar lo que contienen, no estamos frente a una “broma”, ni un “juego sexual”. Estamos hablando de una posible situación de sumisión química. La misma ocurre cuando se utilizan sustancias para alterar el estado de conciencia, reducir la capacidad de decisión o vulnerar el consentimiento de otra persona. Y algo fundamental: el hecho de que el producto se venda en un kiosco o tenga apariencia “natural” no cambia el problema. Si alguien consume una sustancia sin saber qué tiene, el consentimiento queda completamente viciado y administrarlo es delito.

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Los titulares se desprenden de las consultas que propone la audiencia en @lic.noeliabenedetto

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