La Sexión: Lemoine, vasectomía, castración y confusión

La Lic. Noe Benedetto retoma el debate en X en relación a la vasectomía y los discursos, saberes (y desconocimientos) que impactan sobre cuerpos, autonomías y, sobre todo, sobre las posibilidades de transformación de las masculinidades y los roles vinculados al género.

El tercer viernes de noviembre se celebra el Día Mundial de la Vasectomía. Por estos días en X la diputada Lilia Lemoine posteó: “Están castrando a los machos literalmente. O se despiertan o somos boleta” al referirse a la campaña de vasectomías gratuitas en la provincia de Buenos Aires generó revuelo. ¿Por qué resulta importante hacer una nota sobre esto? Porque este episodio no es sólo una frase desafortunada: revela discursos, saberes (y desconocimientos) que impactan sobre cuerpos, autonomías y, sobre todo, sobre las posibilidades de transformación de las masculinidades y los roles vinculados al género.

Vasectomía vs. castración: ¿qué es qué?
¿Qué es la vasectomía?

La vasectomía es una intervención quirúrgica menor que corta o bloquea los conductos deferentes, los tubos que transportan los espermatozoides desde los testículos hasta el conducto eyaculador. Al impedir que los espermatozoides se mezclen con el semen, la vasectomía previene la fertilización de los óvulos durante las relaciones sexuales. El procedimiento en sí es relativamente sencillo, se realiza de forma ambulatoria y generalmente no requiere internación. No afecta la producción de testosterona, ni la erección, ni el deseo sexual.

En Argentina, la vasectomía está contemplada legalmente desde la ley nacional Nº 26.130: toda persona mayor de edad tiene derecho a acceder a la realización de la ligadura tubárica o ligadura de conductos deferentes (vasectomía) en los servicios del sistema de salud.

Cada vez más personas eligen la vasectomía como un método definitivo (aunque no preventivo de ITS).

¿Qué es la castración?

La castración (o, en términos médicos, la orquiectomía) implica la extirpación de los testículos, eliminando la producción de hormonas testiculares (testosterona) y la producción de espermatozoides. Esta intervención se reserva a ciertas indicaciones médicas específicas, no como método de rutina para control de fertilidad.

Entonces: ¿por qué ocurre la confusión?

Cuando Lemoine dice “están castrando machos”, ocurre un doble problema:

  • Técnico: confunde procedimientos distintos. Una vasectomía no remueve testículos ni altera hormonas.
  • Simbólico: refuerza la idea de que la masculinidad está ligada a la fertilidad, la potencia, la “virilidad”, al mandato de “ser hombre” en términos reproductivos.

Esta confusión revela una construcción cultural que reduce el cuerpo masculino a su función reproductiva, a “tener hijos/as”, “dar vida”, “ser fértil”, “tener huevos/testículos” y que queda atrapado en una narrativa tradicional de masculinidades.

Consecuencias de esta confusión:

  • Se transmite que un varón que decide no tener más hijos/as o que participa activamente de la anticoncepción está renunciando a su masculinidad.
  • Se dificulta que los varones se sientan con libertad para decidir sobre su cuerpo, sus deseos y responsabilidades.
  • Se perpetúa el mandato patriarcal de que el hombre “debe” reproducirse, estar disponible, ser fértil, dominar su entorno, incluso su vida sexual.

Masculinidades, reproducción y discursos de poder: ¿qué hay detrás del “machos”?
Corresponsabilidad reproductiva

Durante mucho tiempo, la carga de la anticoncepción recayó principalmente sobre las socializadas mujeres y personas con capacidad de gestar: pastillas, DIU, ligaduras tubáricas. En ese escenario, los varones eran frecuentemente “invisibles” en el rol activo de la anticoncepción. Esto implicó un desbalance: las mujeres asumían riesgos físicos, emocionales, médicos. Hoy, la promoción de la vasectomía representa un avance hacia la corresponsabilidad. Permite que los varones asuman un rol activo, que se distribuya la responsabilidad y que los vínculos de pareja o familiares puedan negociar de otro modo. La frase “machos” parece, sin embargo, querer decir: “no permiten que los hombres cambien su rol”. Es como una defensa del statu quo: “el hombre debe seguir siendo fértil, debe seguir siendo macho”.

Autonomía masculina y libertad reproductiva

La autonomía reproductiva es un Derecho Humano: no sólo las mujeres y personas con capacidad de gestar tienen que decidir si desean tener hijos, cuándo o con quién. Los varones también. Que un hombre opte por vasectomía es un acto de libertad y deliberación, no un retroceso ni una imposición. Cuando el discurso lo presenta como “castración estatal de machos”, se coloca como si el Estado o la sociedad estuviera usurpando la masculinidad o controlando cuerpos masculinos, lo cual instala un pánico social.

Poder simbólico, control corporal y reproducción

La reproducción ha sido terreno de poder: quien decide tener hijos, cuántos, con quién y bajo qué condiciones, posee una forma de control. Cuando se promueve la vasectomía, se abre un nuevo escenario: los hombres como sujetos de salud reproductiva, como participantes activos.

En ese sentido, la frase de Lemoine no sólo desconoce ese avance, sino que lo frena: “machos” caricaturiza una masculinidad tradicional que siente amenazada. Esa masculinidad se ve puesta en jaque cuando los hombres pueden decidir, desconectarse del mandato de fertilidad, de paternidad obligatoria.

Entonces: ¿qué podemos observar?

La masculinidad hegemónica se construye sobre la dominación, la fertilidad, la fuerza, el control.

Las políticas de promoción de la vasectomía pueden convertirse en un vector de transformación para las masculinidades: abrir roles, responsabilizarse, descentrar a las personas gestantes de tener que poner el cuerpo tanto en el embarazo como en la anticoncepción.

Los discursos que usan palabras como “castración” buscan frenar ese cambio y apelar al miedo simbólico: “si te la hacés, dejás de ser macho”.

Datos, no opinión
Legalidad

La Ley Nacional nº 26.130 de anticoncepción quirúrgica (vigente desde 2006) establece que desde la mayoría de edad cualquier persona puede acceder gratuitamente a la vasectomía y ligadura tubárica en los sistemas público y privado de salud. Las entidades de medicina prepaga deben incorporar estas intervenciones médicas a su cobertura para que sean totalmente gratuitas para las personas afiliadas. Está dirigida para quienes deciden no tener hijos/as o ya tuvieron y no quieren tener más. Para acceder, solamente se requiere el consentimiento informado de la persona a operar, no se requiere consentimiento del cónyuge o conviviente, ni apto de salud mental, ni tampoco autorización judicial, excepto cuando se trata de una persona declarada judicialmente incapaz.

Crecimiento del procedimiento

  • En la provincia de Buenos Aires, de 113 vasectomías en 2020 se pasó a 1.774 en 2024. Es decir, un crecimiento de aproximadamente 1.500% en cuatro años.
  • En el Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires, los números muestran que en 2016 se hacían alrededor de 20 vasectomías por año y hoy están siendo entre 10 y 20 por mes.
  • En el país en general se estima que el número de vasectomías se multiplicó por 12 entre 2015 y 2019.
  • Sin embargo, aún la cifra es muy inferior comparada con las intervenciones en mujeres: por ejemplo, en 2016 se practicaron 12.976 ligaduras tubáricas frente a solo 97 vasectomías.

Perfil de quienes acceden al procedimiento

Según un estudio argentino: varones de edad promedio 39,7 años, el 97,7% ya tenían hijos, el 89,6% estaban en pareja estable al momento de la intervención. Esto evidencia que muchos hombres eligen la vasectomía cuando ya han cumplido el proyecto de tener hijos/as, lo cual desmonta el temor simbólico de “dejás de ser hombre”.

Lo que aún falta

A pesar del crecimiento, la tasas siguen siendo bajas y la participación masculina en la anticoncepción es todavía muy inferior. Esto evidencia tanto barreras culturales como de información, además de desigualdades en cómo se distribuye la carga anticonceptiva.

¿Por qué esto es importante para la salud pública?

  • Porque abre posibilidad de corresponsabilidad: que los hombres participen activamente en las decisiones reproductivas.
  • Porque reduce la carga y la presión sobre las personas con capacidad de gestar en cuanto a métodos permanentes de anticoncepción y sus riesgos.
  • Porque mitigar los mandatos de fertilidad masculina puede favorecer vínculos más igualitarios, menos cargas no negociadas.

Chau mitos y tabúes

La vasectomía es segura, reversible en ciertos casos (aunque no 100 %), no implica pérdida de testosterona, ni de erección, ni de deseo sexual, ni de capacidad eyaculatoria. Lejos de ser una amenaza a los hombres, puede ser una oportunidad para repensar la masculinidad: Que «hacerme la vasectomía» no sea visto como “dejar de ser hombre” sino como “asumir mi masculinidad libre”. Que «ser macho» no implique «tener hijos» como obligación. Que los vínculos se construyan con igualdad, deseo y corresponsabilidad.

Ojalá que cuando escuchemos frases como “castran machos”, podamos pensar: “No es castrar, es liberar”. Libertad de decidir, libertad de cuidar, libertad de construir formas de ser varón que no dependan exclusivamente de la fertilidad.

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Los titulares se desprenden de las consultas textuales que propone la audiencia en @lic.noeliabenedetto. Este espacio informativo no suplanta a una consulta con un/a profesional de la salud.

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