La Sexión: La Recesión Sexual
La Lic. Noelia Benedetto nos revela los datos del análisis del Institute for Family Studies (IFS) sobre recesión sexual: cada vez menos personas tienen sexo con regularidad ¿Bajó realmente la actividad sexual? ¿a quién afecta? ¿cuáles son las causas probables? ¿es “malo” tener menos sexo?

En los últimos días volvió a los titulares una expresión que popularizó The Atlantic en 2018: recesión sexual. El término reaparece ahora de la mano de un análisis del Institute for Family Studies (IFS) que, con datos recientes de encuestas nacionales de Estados Unidos, sostiene que cada vez menos personas tienen sexo con regularidad. La idea suena dramática, pero: ¿bajó realmente la actividad sexual? ¿a quién afecta? ¿cuáles son las causas probables? ¿es “malo” tener menos sexo?
Qué dice el estudio (en criollo)
El IFS publicó un post de investigación titulado “La recesión sexual: la proporción de estadounidenses que tienen sexo regularmente sigue cayendo”. Se evidencian tres hallazgos:
- Solo el 37% de las personas adultas de 18 a 64 años reportó sexo semanal en 2024, cuando en 1990 esa cifra rondaba el 55%.
- Entre jóvenes (18–29), creció el “sexlessness” (no haber tenido sexo en el último año): cerca del 24% declaró no haber tenido actividad sexual el año previo, aproximadamente el doble que hacia 2010.
- Si bien las personas casadas siguen reportando más sexo que las no casadas, la caída alcanza también a parejas convivientes o casadas: el fenómeno no se limita a la soltería.
Desde hace años, investigadoras como Jean Twenge vienen observando efectos de cohorte: las generaciones más jóvenes, en promedio, inician más tarde o tienen menos sexo que las anteriores, al menos en EE. UU.
“¿Entonces estamos peor?” La mala pregunta y las preguntas correctas
La tentación es convertir la recesión sexual en termómetro de la moral (“la juventud ya no quiere nada”) o en diagnóstico clínico colectivo (“tenemos una disfunción nacional”). Las preguntas útiles serían:
- ¿Qué está cambiando en cómo nos vinculamos?
- ¿Qué barreras estructurales (económicas, educativas, tecnológicas) afectan la posibilidad de desear, encontrarse y sostener relaciones placenteras y consensuadas?
- ¿Qué efectos tiene en el bienestar tener menos (o más) sexo, y cómo se distribuyen por género, clase, edad y orientación?
No hay una “dosis” universal de sexo: no se trata de “cuánto”, sino de “cómo” y “para qué”.
Factores que pueden estar detrás (sin caer en simplismos)
1) Menos conformación de vínculos convivientes y más demoras vitales
El sexo ocurre más a menudo en parejas que viven juntas. Casarse o convivir sucede más tarde (o no sucede), la cohabitación es más frágil y mucha gente vive sola por más tiempo. Todo eso reduce oportunidades y disponibilidad temporal/afectiva. El propio IFS destaca la caída del matrimonio como clave del descenso de la regularidad sexual.
2) Economía, tiempo y agotamiento crónico
Las condiciones materiales importan. Jornadas extensas, precariedad, costos de vivienda y transporte: menos energía y tiempo para el encuentro erótico. No es casual que, antes y después de la pandemia, el tiempo con amistades se redujera casi a la mitad entre 2010 y 2019, según datos citados por IFS. Menos sociabilidad, menos citas, menos sexo.
3) Salud mental y estrés post-pandemia
Ansiedad, depresión, duelo, incertidumbre: el deseo erótico baja cuando el organismo está en modo “supervivencia”. Parte del pico de inactividad entre 2019–2022 puede explicarse por COVID-19 y sus secuelas emocionales y sociales, aunque la tendencia precede a la pandemia.
4) Pantallas y cultura digital
El informe y varias notas periodísticas señalan a las pantallas: redes, streaming, videojuegos y pornografía compiten por atención y energía. Hay evidencia correlacional y argumentos plausibles, pero cuidado: no toda reducción del sexo se explica por “adicción a pantallas”, y el uso digital no afecta igual a varones, mujeres y disidencias. Lo relevante es qué desplaza (sueño, ejercicio, sociabilidad) y cómo reconfigura los guiones del deseo y la cita.
5) Cambios en valores, consentimiento y riesgos
Tras #MeToo y la expansión de la educación en consentimiento, muchos personas dicen no con mayor facilidad o exigen condiciones (cuidado, respeto, claridad). Eso puede reducir la cantidad de encuentros casuales, y no es algo negativo en sí mismo: es un ajuste cultural que privilegia autonomía y seguridad. La discusión pública reciente sugiere que la Generación Z (nacidas entre 1997 – 2012) redefine la intimidad con más consciencia política y afectiva.
¿Hay brechas de género?
Varios análisis muestran que la inactividad sexual creció más en varones jóvenes, aunque también aumentó en mujeres. En términos de bienestar, no es lo mismo la inactividad por elección que la no deseada; y no es lo mismo renunciar al sexo porque “no me interesa” que no acceder por violencias, falta de tiempo o de espacios seguros.
Cuidado con los “relatos”: quién cuenta y para qué
El IFS es un espacio que suele defender la centralidad del matrimonio como institución. Eso sesga la interpretación (no necesariamente los datos) hacia conclusiones pronupciales. Es legítimo, pero no es la única lectura posible. La misma evidencia puede usarse para pedir más educación sexual integral, políticas de cuidado, salud mental accesible, vivienda, transporte, espacios de ocio y seguridad en el espacio público: condiciones materiales que faciliten vínculos e intimidad. Leer críticamente no es descartar, sino sumar preguntas y enmarcar.
¿Menos sexo = peor salud sexual?
No necesariamente. Más no siempre es mejor, y menos no siempre es peor. La clave es calidad, consentimiento, placer y agencia. Las investigaciones sugieren que tener sexo más de una vez por semana no incrementa linealmente la satisfacción; sí se observa que quedarse sistemáticamente por debajo de la propia necesidad puede erosionar el vínculo. La vara es subjetiva: cada persona y cada pareja pueden (y deben) construir su ecología sexual.
Lo que el informe deja abierto
- Causalidades finas, qué pesa más: economía, pantallas, salud mental, valores, políticas).
- Efectos en bienestar: no toda reducción es patológica; medir solo frecuencia es pobre).
- Guiones posibles: hay otras prácticas más allá de las relevadas que pueden considerarse como sexo incluyendo las autoestimulatorias y no penetrativas.
Lo que no deberíamos hacer con estos datos
- Usarlos para moralizar (“la juventud está perdida”) o culpabilizar a mujeres y disidencias por “decir que no”.
- Recortar presupuesto de educación sexual con el argumento de que “igual hay menos sexo”: precisamente por eso se necesita mejor educación, no menos.
- Resucitar mitos sobre pornografía como única responsable. La evidencia es multifactorial.
En síntesis
- Sí, hay una caída en la regularidad sexual y un aumento de inactividad, especialmente entre jóvenes estadounidenses.
- No, no es una “enfermedad social”: es un fenómeno complejo donde pesan economía, salud mental, tecnologías, guiones culturales y políticas públicas.
- La vara no es “más sexo” sino “mejor sexualidad”: consentimiento, placer, seguridad, comunicación, libertad de elección.
- Las respuestas eficaces no son recetas milagrosas, sino condiciones de posibilidad: tiempo, descanso, espacios seguros, educación sexual integral, derechos reproductivos y políticas que reduzcan la sobrecarga que pesa desproporcionadamente sobre mujeres y disidencias.
La recesión sexual, en definitiva, no es una debacle: es un espejo que devuelve cómo vivimos, cómo trabajamos, cómo (no) nos encontramos, cómo nos animamos a decir que no y qué miedos y deseos circulan en nuestras sociedades. Mirarlo con datos, empatía y perspectiva de género es el primer paso para pasar del diagnóstico mediático a políticas y prácticas concretas que cuiden la salud sexual y el derecho al placer.
___________
Los titulares se desprenden de las consultas que propone la audiencia en @lic.noeliabenedetto. Este espacio informativo no suplanta a una consulta con un/a profesional de la salud.
+ NOTIFY: La Sexión: ¿Qué hacer cuando el deseo se va por fuera de la pareja?
+ NOTIFY: La Sexión: “Usar una app para rastrear a tu pareja”




