La Sexión: La presión por squirtear
La Lic. Noelia Benedetto nos cuenta cómo el squirt pasó de ser un tema casi desconocido a transformarse en una especie de trofeo al que todos aspiraban.

Hace no tantos años, la mayoría de las consultas en sexología giraban alrededor de una pregunta: “¿Por qué me cuesta llegar al orgasmo?”. Hoy, cada vez con más frecuencia, aparecen otras: “¿Es normal que nunca haya squirteado?”, “¿Tengo algún problema en mi cuerpo?”, “¿Estoy haciendo algo mal?”. Muchas personas llegan convencidas de que hay algo que no funciona en su cuerpo o de que su vida sexual está incompleta porque nunca experimentaron este fenómeno.
De desconocido a trofeo
El squirt pasó, en pocos años, de ser un tema casi desconocido a transformarse en una especie de trofeo. Videos virales, tutoriales, influencers y escenas porno contribuyeron a instalar la idea de que una sexualidad plena debería incluir esa experiencia. El problema comienza cuando una posibilidad se convierte en una obligación.
La historia de la sexualidad está llena de mandatos que cambian de forma, pero no de lógica. Durante mucho tiempo, el modelo dominante colocó el placer masculino en el centro y relegó el placer femenino a un lugar secundario. Luego comenzaron a difundirse discursos que reivindicaban el derecho de las mujeres al orgasmo, sin embargo, en algunos casos, esa reivindicación terminó siendo absorbida por la cultura del rendimiento, por ejemplo con el multiorgasmo. El mensaje dejó de ser “tenés derecho a disfrutar” para convertirse, sutilmente, en “deberías disfrutar de determinada manera”.
¿Qué es y qué no es?
La investigación científica establece una diferencia entre la eyaculación de las personas con vulva y el squirt. La eyaculación vulvar es la secreción de una pequeña cantidad (generalmente hasta 1 mililitro) de fluido espeso y blanquecino proveniente de las glándulas parauretrales (la próstata “femenina” o de personas con vulva), el cual contiene altas concentraciones de antígeno prostático específico (PSA), glucosa y fructosa. Por otro lado, el squirt es una expulsión transuretral (desde decenas hasta cientos de mililitros) de un líquido transparente originado en la vejiga debido a la contracción del músculo detrusor, y su composición es similar a la orina diluida, conteniendo urea, creatinina y ácido úrico. Es decir, el squirt se asocia a marcadores urinarios, mientras que la eyaculación presenta componentes similares al semen.
El squirt puede producirse durante una intensa excitación sexual, con o sin orgasmo. Este último punto es importante porque rompe uno de los mitos más difundidos: squirtear y tener un orgasmo no son sinónimos. Algunas personas experimentan ambas respuestas al mismo tiempo, otras pueden squirtear sin alcanzar un orgasmo y muchas tienen orgasmos intensos durante toda su vida sin haber squirteado jamás.
También una persona puede experimentar eyaculación sin squirtear, squirtear sin eyacular o presentar ambas respuestas durante un mismo encuentro sexual. Ninguna de estas variantes constituye un trastorno ni representa una forma “más evolucionada”.
Comprender esta diferencia es fundamental porque buena parte de la información que circula en redes sociales mezcla conceptos, utiliza términos indistintamente y termina generando expectativas poco realistas sobre cómo “debería” responder el cuerpo durante la excitación.
En algunos discursos, incluso, pareciera que el verdadero orgasmo es el que termina en un squirt. El squirt no constituye una respuesta sexual universal ni representa un indicador de mayor placer.
Los cuerpos no responden igual a los tutoriales
En redes abundan posteos acerca de tips para squirtear, bajo una lógica de que si seguís determinada técnica, vas a obtener determinado resultado. Muchas personas quedan frustradas después de haber intentado reproducir lo que vieron en internet. Algunas sienten que están “falladas” porque nunca squirtearon. Otras cuentan que durante los encuentros sexuales dejaron de prestar atención a lo que estaban sintiendo para concentrarse exclusivamente en lograr que sucediera. También aparecen varones preocupados porque interpretan que, si su pareja no squirtea, significa que ellos no son suficientemente buenos amantes. En todos los casos el foco deja de estar puesto en la experiencia compartida para colocarse sobre un resultado.
Es una lógica que no nació con el squirt. Hace años que la sexualidad viene siendo atravesada por ideales de rendimiento. Se espera que las mujeres tengan deseo permanente, sean multiorgásmicas, disfruten de todas las prácticas, mantengan una actitud sexualmente disponible y, ahora, también squirteen.
No existe evidencia científica que permita sostener que todas las personas con vulva necesariamente puedan experimentar esta respuesta si reciben la estimulación “correcta”, como suelen prometer algunos cursos o influencers. La evidencia indica que la cantidad de líquido puede variar enormemente y que su aparición depende de múltiples factores anatómicos, fisiológicos y contextuales.
¿Por qué necesitamos lograrlo?
La pregunta que hay que hacerse es por qué seguimos necesitando indicadores visibles para validar el placer. El squirt posee una característica, es visual, tangible, a diferencia del orgasmo, que es una experiencia subjetiva e invisible, el squirt ofrece una evidencia corporal que parece confirmar el “éxito” del encuentro sexual.
En ese sentido, la pornografía mainstream ha contribuido a consolidar la fantasía de que el squirt debería ser una respuesta habitual en todas las mujeres y las redes sociales amplifican ese fenómeno. El problema aparece cuando esos recursos cinematográficos comienzan a funcionar como modelos de comparación para la vida cotidiana.
Recuperar una sexualidad sin exámenes
Frente a estas presiones, es importante identificar que el mandato cambió de forma, pero continúa siendo un mandato. Quizás el mayor desafío de la educación sexual actual no sea enseñar nuevas técnicas, sino acompañar a desmontar las expectativas que impiden disfrutar el sexo. No disfruta más de la vida sexual quien más cosas hace, si no quien sabe disfrutar de las que sí hace.
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Los titulares se desprenden de las consultas que propone la audiencia en @lic.noeliabenedetto
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