La Sexión: El consentimiento es injusto – ESI’nt y confusión

La Lic. Noelia Benedetto extrae un video viral donde tres socializados varones jóvenes teorizan acerca del consentimiento y manifiestan su inconformismo respecto de la prevalencia del "no" ante una decisión. ¿Por qué es importante el consentimiento?

En los últimos días se viralizó en TikTok un video donde tres jóvenes varones, en tono de charla de streaming, lanzan esta frase: “el consentimiento es injusto”. Entre risas, desarrollan lo que consideran una “lógica más justa” para las relaciones sexuales: si una persona quiere y la otra no, lo correcto (dicen) sería “tirar una moneda” o hacer “50 y 50”. Uno de ellos incluso argumenta: “¿por qué siempre el NO vale más? Si yo quiero y vos no, ¿por qué gana el no?”.

El clip se viralizó con millones de vistas y miles de comentarios: indignación, sarcasmo, debates. Pero detrás del “chiste” y la polémica, lo que realmente expone el video es un vacío enorme de educación sexual, ética y registro.

Y también una pregunta urgente: ¿de verdad todavía hay que explicar por qué el consentimiento no es negociable?

¿Qué dicen (y qué no)?

Analicemos:

  • Dicen que el consentimiento es “injusto”.
  • Proponen una “moneda” para decidir si alguien tiene sexo aunque la otra persona no quiera.
  • Sostienen que el “no” gana siempre y que el “sí” está infravalorado.
  • Quieren “gamificar” algo tan sensible como el consentimiento.
  • Se preguntan por qué el “no” pesa más que el “sí”.

A primera vista, suena a provocación adolescente, a querer ser ingeniosos o “filosóficos”. Pero en el fondo reproducen una lógica muy vieja: el deseo masculino como impulso irrefrenable y la negativa del otro como obstáculo a vencer. El discurso se disfraza de debate lógico (“mitad y mitad”), pero lo que comunica es una peligrosa idea del sí o el no como algo que se puede negociar o promediar.

¿Qué es el consentimiento sexual?

El consentimiento sexual no es un trámite ni un obstáculo moral.

Es un permiso voluntario, libre, entusiasta, informado, reversible, consciente, unilateral que una persona da para participar de una acción o para que se realice algo sobre ella. No alcanza con que “nadie diga que no”: tiene que haber un sí claro, deseado y consciente. De todos modos, no es la panacea porque el consentimiento afirmativo, sigue siendo consentimiento a la proposición de otra persona. Decir que sí a una propuesta acerca de hacer o no algo, no dice nada acerca del deseo de la enunciante. Yo le sumaría el Consenso que no es unilateral, y donde se acuerdan entre las partes qué cosas vamos a hacer y cómo de manera activa.

El “no” no compite con el “sí”

Cuando alguien dice “no”, está ejerciendo su derecho a decidir sobre su propio cuerpo, deseo y bienestar. No se trata de ganar o perder, sino de detenerse. El “no” no es injusto: es el mínimo ejercicio de libertad.

El consentimiento no es para siempre

Puede retirarse en cualquier momento. Un “sí” de hace un rato no habilita un “sí” eterno. Las ganas, el contexto cambia. Por eso, decir “tiramos una moneda” no sólo es absurdo, sino profundamente violento: ignora que el consentimiento es dinámico, situacional y emocional.

¿Por qué este discurso es peligroso?

Porque normaliza la coacción
Plantear que “el sí y el no tienen que valer 50/50” sugiere que el deseo de quien quiere puede valer tanto como la negativa del otro. Pero no se trata de justicia matemática: se trata de respeto. Si alguien no quiere, el encuentro no ocurre. Donde UNO no quiere DOS no pueden. Punto. No hay empate, no hay azar. Detrás de la broma de la moneda hay un mensaje claro: “si tengo ganas, algo debería pasar”. Y eso es coacción, aunque se disfrace de humor o lógica.

Porque minimiza la responsabilidad de quien desea
El “yo quiero” sin atender al “vos no querés” pone toda la carga en quien se niega: la de explicar, resistir, justificar. Mientras tanto, quien propone no se pregunta qué pasa con el deseo del otro, con su incomodidad o con su derecho a decir no. Esa asimetría está en el corazón del problema: el deseo masculino como derecho y el deseo de la otra persona como límite y obstáculo.

Porque refuerza la cultura de la violación
Cuando se plantea que “el no también vale, pero decidamos con suerte”, se instala la lógica de la violación: el conflicto que debe resolverse a favor del deseo. Se blanquea la idea de que el consentimiento puede ser “negociado” o “relativizado”. Y así se diluye el principio básico: sin un sí entusiasta de todas las partes, no hay consentimiento.

El vacío detrás del chiste

Más allá de la indignación que provoca, este video deja ver algo que como sociedad todavía no resolvimos: la carencia de educación sexual integral y la ausencia de un discurso público que vincule deseo, ética y cuidados.

No es casual que jóvenes varones hablen de “injusticia” al referirse al consentimiento. Muchos fueron socializados en la idea de que el deseo masculino debe ser satisfecho, y que los límites son censura o pérdida. Si a eso le sumamos redes sociales que premian la provocación y la polémica, el resultado es este: chicos convencidos de haber descubierto una gran verdad, cuando en realidad sólo repiten una estructura de poder que atrasa.

Lo que está en juego no es una moneda, es la autonomía

Cuando alguien dice “el consentimiento es injusto”, lo que realmente está diciendo es: “no entiendo por qué no puedo acceder al cuerpo de la otra persona cuando yo quiero”. Y ahí está la trampa: confundir el deseo con el derecho. Tener deseo es humano. Exigir su satisfacción a costa del otro es violencia. El cuerpo ajeno no se negocia, no se sortea, no se gamifica. No hay empate posible entre querer y no querer. El consentimiento no es un capricho moral: es el pilar mínimo de cualquier encuentro sexual ético y placentero.

El impacto de estos discursos

Las redes, con su inmediatez, hacen que contenidos así se propaguen sin contexto. Miles de adolescentes los ven, los comentan, los imitan. Y el mensaje que queda flotando es peligroso: que el consentimiento es una exageración, una traba, algo discutible.

Qué necesitamos hacer (y hablar)

No alcanza con decir “eso está mal” o “no da”. Necesitamos abrir conversaciones: en la escuela, en casa, en los medios. Preguntar, no sermonear:

  • ¿Qué entendés por consentimiento?
  • ¿Por qué pensás que ese video se volvió viral?
  • ¿Qué sentirías si alguien te propusiera tirar una moneda para decidir sobre tu cuerpo?

La educación sexual no es sólo prevención de embarazos o ITS. También es enseñar a desear sin lastimar, a leer los límites de la otra persona, a entender que el placer se multiplica cuando es compartido, no cuando se impone. El cuerpo de nadie es una apuesta. Un sí forzado, dudoso o condicionado no es un sí verdadero. Y un no no es una derrota: es una decisión que merece respeto.

El consentimiento no es injusto. Lo injusto es que todavía haya que explicarlo.

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Los titulares se desprenden de las consultas textuales que propone la audiencia en @lic.noeliabenedetto. Este espacio informativo no suplanta a una consulta con un/a profesional de la salud.

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