La Sexión: ¿Durar mucho en la cama es una ventaja?
La Lic. Noelia Benedetto da por terminado el mito acerca de la duración en la cama... ¿Qué hay detrás de la eyaculación retardada? Mucho más que una cuestión cultural coitocentrista.

El lenguaje médico delata nuestros sesgos de género, por ejemplo, cuando una socializada mujer tiene dificultades para vivenciar el orgasmo, los diagnósticos hablan de “preorgasmia”; sin embargo, cuando le pasa a un socializado varón, se lo etiqueta como “eyaculación retardada”.
¿Por qué esta diferencia? Porque vivimos en una cultura coitocéntrica donde, mientras el pene logre una erección y pueda penetrar, la sociedad considera que el hombre ya ha cumplido con su “deber”. El placer genuino del varón, paradójicamente, queda relegado a un segundo plano frente a la exigencia de su rendimiento mecánico.
Durante años se instaló la idea de que cuanto más tarda un socializado varón en eyacular, mejor es. Sin embargo, detrás de relaciones sexuales que se prolongan puede haber frustración, ansiedad, dolor físico y una dificultad sexual de la que se habla muy poco: la eyaculación retardada o tardía.
Cada vez con mayor frecuencia hay personas que tienen deseo sexual, logran una erección, disfrutan del encuentro, pero no consiguen eyacular o necesitan tanto tiempo que el placer termina transformándose en malestar. En algunos casos sólo pueden eyacular autoestimulándose; en otros, únicamente bajo determinadas condiciones muy específicas.
No se trata de “aguantar”
Uno de los mayores problemas alrededor de la eyaculación retardada es la cantidad de mitos que la rodean. Culturalmente confundimos “durar mucho” con tener un mejor desempeño sexual. La eyaculación retardada o insatisfacción con el momento eyaculatorio por superávit se caracteriza por una dificultad persistente o recurrente para eyacular, pese a que exista suficiente estimulación sexual y deseo. No se trata simplemente de que una relación sexual dure más de lo habitual. La clave está en que la persona experimenta malestar por esa dificultad o que ésta genera conflictos en la vida sexual compartida.
Es importante destacar que no existe un tiempo “normal” para eyacular. La respuesta sexual es muy variable entre las personas y también cambia según el contexto, el estado emocional, el tipo de estimulación y el momento vital. Lo que convierte a esta situación en un problema no es el cronómetro, sino el sufrimiento que produce.
Cuando el sexo deja de ser placer y se convierte en rendimiento
En consulta, muchas personas describen que el encuentro sexual deja de ser una experiencia placentera para transformarse en una especie de examen. A medida que pasan los minutos comienzan a aparecer pensamientos como: “¿Por qué todavía no termino?”, “Se debe estar aburriendo”, “Seguro piensa que no me atrae”, “Otra vez me está pasando lo mismo”.
Esos pensamientos alimentan la ansiedad y la autoobservación constante. La atención deja de estar puesta en las sensaciones corporales y pasa a centrarse en controlar el propio desempeño. Cuanto mayor es el esfuerzo por lograr la eyaculación, más difícil suele resultar alcanzarla.
La ansiedad es una de las principales enemigas de la respuesta sexual. El placer necesita disponibilidad emocional, mientras que la lógica del rendimiento exige control permanente. Son dos estados que difícilmente puedan convivir.
También puede afectar a los vínculos
Muchas veces quien consulta no es solamente la persona que presenta la dificultad, sino también su pareja. Es frecuente que comiencen a aparecer interpretaciones lastimosas: “Ya no le gusto”, “Seguro está pensando en otra persona”, “No le resulto suficiente”. Del otro lado, quien experimenta insatisfacción con el momento eyaculatorio suele sentirse culpable por no poder responder como espera o como cree que debería hacerlo.
Cuando esto ocurre, las partes quedan atrapadas en una dinámica donde el objetivo deja de ser compartir un encuentro erótico para pasar a perseguir una eyaculación que parece no llegar nunca. En esos casos, el problema deja de ser individual y pasa a formar parte de la dinámica vincular.
¿Se puede trabajar?
La buena noticia es que sí. El primer paso consiste en realizar una evaluación clínica para descartar causas orgánicas y revisar el posible impacto de algunos fármacos. Luego, cuando predominan factores psicológicos o vinculares, el abordaje sexológico puede ser muy pertinente.
Es importante aclarar que el objetivo del abordaje no debería ser “hacer que el cuerpo funcione de X manera”. El trabajo terapéutico suele orientarse a disminuir la ansiedad de desempeño, revisar las creencias sobre masculinidad y sexualidad, favorecer la comunicación en la pareja y recuperar una vivencia del placer menos centrada en la obligación de cumplir un guión.
Porque una sexualidad placentera no se mide por la cantidad de minutos que dura una penetración ni por la velocidad con la que aparece una eyaculación. Se construye a partir de la comunicación, el consenso, el consentimiento, el bienestar y la posibilidad de vivir el erotismo sin la presión constante de demostrar que uno “funciona”.
Quizás haya llegado el momento de revisar la idea de que durar más siempre significa tener mejor sexo. En realidad, cuando el placer queda subordinado al rendimiento, no importa cuánto dure el encuentro, porque lo que termina perdiéndose es la posibilidad de disfrutar la experiencia sexual.
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Los titulares se desprenden de las consultas que propone la audiencia en @lic.noeliabenedetto
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