La Sexión: ¿Cómo tener una relación abierta a la distancia?
La Lic. Noe Benedetto abrió la cajita de preguntas y llegó una consulta que combina dos factores: las relaciones abiertas y las relaciones a distancia. ¿Cómo hacemos para que funcione?

Las relaciones a distancia suelen estar rodeadas de escepticismo. “Eso no funciona”, “si no hay contacto físico, tarde o temprano se rompe”, “se vuelve imposible sostener la confianza”… son frases que circulan socialmente y que muchas veces condicionan a quienes se animan a intentar un vínculo atravesado por kilómetros, husos horarios y pantallas.
Si a esa complejidad le sumamos el hecho de que la relación no se plantea en clave monógama, sino abierta o consensualmente no monógama, el nivel de prejuicios aumenta.
Monogamia, distancia y control: un triángulo aprendido
Nuestra cultura nos ha enseñado a pensar el amor como sinónimo de cercanía física y exclusividad sexual. Se nos repite que “sin contacto frecuente no hay amor” y que “si no hay exclusividad, entonces no hay compromiso real”. Estos mandatos no son neutros: responden a una lógica patriarcal que entiende a las personas como propiedad de otra y a las relaciones como contratos de control mutuo.
Cuando aparece la distancia, esos mandatos se tambalean. El mito de la vigilancia permanente (ese que dice que solo la cercanía asegura fidelidad) queda en evidencia: no importa cuántos kilómetros haya, siempre es imposible garantizar lo que la otra persona hace o siente.
Y cuando además hablamos de relaciones abiertas, lo que se pone en jaque es la idea de que el compromiso solo puede expresarse a través de la exclusividad sexual. Abrirse, lejos de ser sinónimo de falta de amor, puede ser justamente una manera de cuidar la honestidad, reconocer la autonomía y aceptar que nadie puede colmar todas las necesidades de otra persona.
¿Qué significa “relación abierta a la distancia”?
Cuando hablamos de relación abierta a la distancia, nos referimos a vínculos donde:
- La pareja principal (o vínculo primario) no comparte la misma ciudad o país, y por tanto la convivencia o los encuentros físicos son esporádicos.
- Existe la posibilidad (pactada y consensuada) de involucrarse sexual o afectivamente con otras personas en el lugar de residencia de cada quien.
- La comunicación, la gestión de los celos y la confianza se sostienen a través de medios virtuales o encuentros planificados.
Estrategias para sostener una relación abierta a la distancia
1. Comunicación
La transparencia es clave. No se trata de reportar cada movimiento, sino de generar un clima donde compartir experiencias no sea vivido como amenaza sino como parte de la confianza.
- Pactar momentos de conexión virtual: por ejemplo, llamadas semanales donde ponerse al día.
- Evitar la sobreexposición: mandar mensajes cada hora puede volverse un sustituto del control, no un gesto de cuidado.
- Hacer lugar a la vulnerabilidad: expresar miedos, dudas y también deseos sin temor a ser juzgada.
2. Acuerdos
Las reglas no son para siempre. Lo que sirve al inicio puede dejar de funcionar con el tiempo. Por eso, más que reglas rígidas, conviene pensar en acuerdos dinámicos.
- ¿Está permitido involucrarse afectivamente con otras personas o solo sexo ocasional?
- ¿Qué grado de detalle se comparte sobre esos encuentros?
- ¿Qué pasa cuando nos volvemos a ver presencialmente? ¿Cómo se gestionan esos otros vínculos?
3. Gestión de los celos
Los celos no son una señal de amor, son una reacción emocional atravesada por mandatos de propiedad y miedo al abandono. En vez de ocultarlos o sentir vergüenza, conviene abordarlos.
- Nombrarlo: reconocerlo, darle lugar.
- Explorar qué necesidad hay detrás: ¿miedo a ser reemplazada?, ¿falta de seguridad en el vínculo?, ¿autoestima debilitada?
- Buscar estrategias: pedir más comunicación, generar rituales de conexión, trabajarlo en terapia si es necesario.
4. Cultivar la intimidad
La intimidad no es solo estar físicamente juntas. Se puede generar conexión emocional y erótica a través de:
- Sexting o intercambio erótico consensuado.
- Videollamadas íntimas.
- Jugar con la imaginación: lecturas eróticas, cartas, audios.
- Proyectos compartidos: series, playlists, libros leídos en simultáneo.
Conflictos frecuentes y cómo evitarlos
- Confundir apertura con ausencia de acuerdos: abrir la relación no significa “vale todo”, sino construir un marco consensuado.
- Usar la apertura como excusa para evadir problemas: si hay conflictos de base, abrir no los resuelve. De hecho, puede profundizarlos.
- Pensar que la apertura elimina los celos: los celos no desaparecen por arte de magia, se trabajan.
- Competir con las otras personas: la lógica no es de reemplazo, sino de ampliación de experiencias.
- Idealizar la distancia: es importante reconocer que habrá momentos de soledad o frustración, y que eso no invalida el vínculo.
Más allá del binarismo éxito/fracaso
Una relación abierta a la distancia no es ni garantía de felicidad plena ni sinónimo de caos inevitable. Es una posibilidad más dentro del amplio espectro de formas vinculares que las personas podemos crear cuando nos corremos de los mandatos tradicionales.
Lo que hará que funcione será la capacidad de comunicar, negociar, revisar y cuidarse mutuamente. Al final del día, de lo que se trata es de animarse a inventar modos de estar juntas que respondan a nuestras necesidades y deseos reales, no a los guiones heredados.
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Los titulares se desprenden de las consultas que propone la audiencia en @lic.noeliabenedetto. Este espacio informativo no suplanta a una consulta con un/a profesional de la salud.
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