La Sexión: ¿Ahora tener un novio da vergüenza?
En Notify la Lic. Noelia Benedetto respondió a una consulta sobre una nota de Vogue que postula que blanquear noviazgos "da vergüenza".

Hace poco apareció en los medios un artículo de Vogue España con un título provocador: “¿Es que ahora da vergüenza tener novio?” (escrito por Chanté Joseph). Por los mismos días, otra declaración generó controversia: la cantante Rosalía, al presentarse en una entrevista como “volcel” (celibato voluntario).
¿Qué está pasando con el hecho de “tener novio”? ¿Se siente como algo que “avergüenza”? ¿Qué implicancias tiene esto para cómo nos vinculamos hoy?
Qué dice el artículo de Vogue que se volvió viral
La nota inicia con un hecho observable: cuando alguien publica “mi novio” en redes, muchas personas desconectan o lo consideran un poco “heavy”. Algunas de las razones que se plantean en el texto son:
- Durante décadas, una parte de la identidad femenina se vinculó con “encontrar pareja” y “mantener novio”: era sinónimo de status social.
- Hemos vivido en la Boyfriend Land: un mundo en el que las identidades online de las mujeres giraban en torno a las vidas de sus parejas.
- El cambio de valor: “estar en pareja ya no afirma tu feminidad; ya no se considera un logro” para muchas mujeres heterosexuales.
- Las mujeres en redes muestran con menor frecuencia fotos de “mi novio” o de “nosotros” de forma ostensiva.
- Existe una tensión entre querer los “beneficios” sociales de la pareja (acompañamiento, reconocimiento, legitimidad) y, al mismo tiempo, no querer caer en una norma heteronormativa que se ve cada vez más cuestionada.
- A medida que nuestros roles tradicionales empiezan a desmoronarse, quizá nos veamos interpeladas a reconsiderar nuestra lealtad incondicional a la heterosexualidad.
“Volcel” según Rosalía
Recientemente Rosalía ha declarado estar “soltera, volcel” (célibe voluntario, en contraste al concepto de incel: célibe involuntario) y dijo: “Ya no tenemos espacio para crushes… se acabó esa fantasía que no lleva a ninguna parte”. En ese contexto pidió que si se la ve con un “individuo masculino”, no lo atribuyan automáticamente como su novio.
Denominarse volcel es una decisión consciente de no estar en una relación romántica o sexual, al menos por ahora. Es parte de un contexto más amplio donde la soltería se reivindica como una opción legítima, deseable, y donde el vínculo de pareja puede dejar de ocupar el centro de la narrativa del desarrollo emocional o vital (caída del parejocentrismo reinante). Esta declaración puede interpretarse no solamente como una renuncia al novio, sino a una expectativa social de que estar en pareja es el objeto de realización.
¿Por qué puede dar vergüenza ‘tener novio’ según Vogue?
a) Presión de visibilidad y de imagen
Las redes sociales han convertido la pareja en un “producto” para mostrar (o bien para ocultar). Muchas mujeres publican fotos donde el rostro del novio está difuminado o directamente no aparece. El publicar constantemente “nosotros” o “mi novio” se ha vuelto un acto que puede generar rechazo, sentirse poco auténtico o “postureo”.
b) Crisis de la heterosexualidad normativa
La nota habla de “heteropesimismo”: la heterosexualidad ya no es vista como un camino automático. Cuando estar con un varón o una mujer se ve como parte de un guion social, la pareja deja de tener ese aura de logro “romántico” y se vuelve algo que debe justificarse.
c) Independencia, deseo de no depender y sospecha del guion de pareja
Especialmente entre mujeres jóvenes, se valora cada vez más la autonomía personal, la individualidad, la libertad de proyecto, el trabajo propio. En ese marco, la pareja puede percibirse como un freno, una “amenaza” a la independencia o una fuente de vulnerabilidad (emocional, económica, social). Esa tensión puede generar que estar en pareja se sienta menos deseable o incluso un poco vergonzoso.
d) Miedo al fracaso del vínculo, a la vulnerabilidad y a la exposición pública
El artículo recoge testimonios según los cuales muchas mujeres prefieren no publicar nada sobre su pareja “porque si se rompe, todos esos posts siguen ahí”. Y aunque la decisión de emparejarse sea genuina, el temor al qué dirán, al desgaste del vínculo, a que se vuelva “aburrido” visible o que la pareja pierda “brillo” contribuye a que se genere una reticencia a declararlo.
e) Transición entre imaginar el amor romántico y formas de vínculo más fluidas
Vivimos un cambio generacional donde los modelos de pareja se diversifican. La pareja tradicional pierde centralidad y eso, a su vez, genera que “tener novio” ya no sea automáticamente una meta social ni un valor en sí mismo. En ese contexto, declararlo puede “exponerte” o sentirse “demodé”. Estar con un varón puede vivirse como un “placer culpable”.
¿Qué lectura podemos hacer?
Algunas reflexiones críticas me parecen relevantes para no simplificar el fenómeno:
Cambio de paradigma en torno al noviazgo y la pareja
El noviazgo ha sido presentado como parte del “proyecto de vida” heterosexual: la mujer encuentra al hombre; la pareja consolida su estatus; la identidad “como mujer en pareja” se valoriza. Tradicionalmente, la pareja como institución socialmente validada ha sido un marcador: para las mujeres, “tener novio” era parte de un camino hacia el matrimonio o la maternidad; para los varones, “tener novia” también implicaba reconocimiento social. Ahora que esos roles están cuestionados, el vínculo de pareja deja de tener automáticamente ese valor simbólico. La vergüenza puede surgir porque “tener novio” ya no es automáticamente un éxito o una justificación de valía personal.
Revisión de la heterosexualidad
Muchas mujeres hoy son conscientes de que el noviazgo heterosexual implica una historia larga de roles de género, dependencia emocional, valoración social de la pareja como “éxito femenino”, etc. Por tanto, la resistencia no es solo al vínculo en sí, sino a lo que ese vínculo ha representado históricamente.
Autonomía y elección real
Lo importante no es tanto si “estar de novia” está de moda o no, sino que la persona pueda decidir libremente, sin vergüenza, sin culpa, sin estigma, sin que el guion social imponga que debe estar en pareja o que debe preferir la soltería.
¿Entonces estar de novia da vergüenza? ¿Qué está cambiando?
Se están moviendo varias cosas que explican por qué la pareja ya no tiene ese lugar central automático que tenía, y por qué declararla puede conllevar cierto pudor o “vergüenza”.
La pareja ya no es garantía de prestigio social
Antes, muchas personas recibían reconocimiento por estar en pareja, por “lograr” novio. Esa narrativa hoy tambalea. Tener pareja ya no afirma automáticamente “lo hiciste bien”. Y eso hace que declararlo pierda parte de su función simbólica.
Orgullo soltero
Pronunciarse “soltera” se ha convertido casi en un gesto de orgullo. La no pareja aparece como opción válida, y eso cambia la dinámica: si estar sin pareja ya no es inferior, entonces tener pareja ya no es por defecto valorado.
Redefinición del compromiso, del deseo y de la pareja
La pareja ya no es necesariamente vista como “meta final”. Las relaciones de hoy incorporan mayor diversidad de acuerdos, mayor conciencia del consentimiento y la autonomía, mayor fluidez en los roles. En ese marco, “estar de novia” tiene que pasar por otro filtro: ¿por qué lo hago? ¿qué espero de ello? ¿lo elijo? Eso puede generar que la decisión de tener novio se incline más a una reflexión que a un evento que se da por sentado.
Esta revisión crítica es necesaria, pero también puede dejar en el limbo a quienes sí desean estar en pareja, y que ahora se preguntan: “¿Y si yo la quiero? ¿Y si me siento bien con ello? ¿Eso está mal?”. El problema no es la pareja en sí, sino cuando la pareja reproduce roles normativos, invisibiliza la autonomía o se fagocita la individualidad. Lo urgente es que ni la pareja sea vista como salvación automática, ni la soltería como falla o pausa obligada.
Considero que no es que “da vergüenza” estar en un noviazgo, lo que sí dejó ser motivo de vergüenza es estar soltera y eso está haciendo revolución. El artículo lo señala: “Si antes la soltería era un cuento con moraleja (acabarás siendo una ‘solterona’ con un montón de gatos), ahora se está convirtiendo en un estatus deseable y codiciado.” Quizás la soltería ya no sigue siendo una etapa de transición (lo que sucede “entre vínculos”) como señala Tenenbaum, sino que al fin está pasando a ser una forma de vincularse.
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Los titulares se desprenden de las consultas textuales que propone la audiencia en @lic.noeliabenedetto. Este espacio informativo no suplanta a una consulta con un/a profesional de la salud.
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