La revolución de las Cholitas Skaters que transforma el asfalto boliviano
Este colectivo femenino utiliza su vestimenta tradicional andina como un estandarte de lucha para conquistar espacios deportivos históricamente masculinos. A través de maniobras extremas en las ciudades de Cochabamba, La Paz y El Alto, estas jóvenes logran que su herencia cultural sea sinónimo de valentía y autonomía en todo el mundo.
El rugido del skate contra el pavimento encontró una nueva melodía en el corazón de Bolivia, donde el movimiento rítmico de las polleras desafía la gravedad a más de 2.500 metros de altura. Este fenómeno es liderado por el grupo ImillaSkate, una agrupación que nació en 2019 en Cochabamba con el firme propósito de incentivar a las niñas a apropiarse del deporte urbano.
Durante mucho tiempo, los elementos típicos de la chola boliviana, como el sombrero de bombín, la manta y la falda plisada, fueron señales utilizadas para segregar y discriminar a las mujeres indígenas en diversos ámbitos sociales. Sin embargo, las integrantes de este movimiento decidieron convertir lo que antes era motivo de burla en su mayor fortaleza y distintivo visual. Al ejecutar trucos complejos como el ollie o el kickflip vestidas de gala, demuestran que su ropa no es un límite, sino una herramienta de expresión y libertad.
La práctica del skate con el atuendo tradicional conlleva un desafío físico adicional, ya que una pollera completa, con todas sus capas y enaguas, puede llegar a pesar entre dos y cinco kilogramos. Además, mantener el icónico sombrero en su lugar durante los saltos requiere una postura y un equilibrio impecables que simbolizan la destreza necesaria para navegar entre la tradición y la modernidad.
Un lenguaje de orgullo y superación personal
Para las protagonistas de esta historia, cada cicatriz obtenida en las pistas de patinaje cuenta una narrativa de resiliencia y conexión familiar. Huara Chaskanawi, una de las integrantes más reconocidas, vincula su pasión deportiva directamente con su linaje materno y la memoria de sus ancestros. Según sus propias palabras: “La represento en honor a la descendencia que me hereda mi abuelita paterna, una bella cholita comarapeña”.
A pesar de los estigmas familiares y sociales que sugerían que el patinaje no era una actividad apta para mujeres debido al riesgo de sufrir heridas “poco estéticas”, estas deportistas persistieron en su camino. Tefy Morales, otra figura clave del colectivo, resalta que el valor real del deporte reside en la capacidad de reponerse ante las adversidades físicas y emocionales. Ella afirma con seguridad que: “Las caídas te enseñan una fuerza mental; te levantas y entiendes que el tropiezo es parte fundamental de lo que haces”.
El impacto de ImillaSkate trascendió la mera competencia deportiva y se convirtió en una red de contención social que realiza actividades en refugios y centros de apoyo escolar para niños en situación de vulnerabilidad. Su mantra compartido es simple pero poderoso: “Te caes, te duele, pero tú tienes el poder de levantarte y superar tus caídas”. A través de esta filosofía, buscan que las nuevas generaciones comprendan que el fracaso momentáneo es solo un paso necesario hacia el éxito.
De las calles locales a la escena internacional
La fama de las Cholitas Skaters cruzó las fronteras bolivianas y las llevó a participar en documentales internacionales y eventos en ciudades como Nueva York, Washington y Los Ángeles. Estas plataformas globales les permitieron mostrar que la identidad indígena es dinámica y tiene la capacidad de adaptarse a cualquier escenario sin perder su esencia.
Más allá de los patrocinios y las colaboraciones con marcas internacionales, el núcleo de ImillaSkate es la sororidad y el apoyo mutuo entre sus “hermanas” de tabla. Se consideran una familia que se basa en el valor intrínseco del ser humano y en la filosofía comunitaria que comparten tanto el skateboarding como sus culturas originarias.




