La musaraña fue declarada extinta en Australia
Murió el último insectívoro de la Isla de Navidad en el país de Oceanía. Su desaparición se debe a las especies invasoras y las enfermedades en ecosistemas insulares aislados.
La musaraña de la Isla de Navidad, el único representante de su especie en Australia, fue oficialmente declarada extinta. El anuncio fue hecho en la última edición de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, que refleja el impacto de las especies invasoras y enfermedades sobre los ecosistemas aislados. Esta extinción subraya una alarmante tendencia de pérdida de biodiversidad en Australia, que desde 1788 perdió 39 especies de mamíferos.
El pequeño mamífero insectívoro conocido por su hocico alargado, fue una de las especies más singulares de la fauna australiana. A lo largo de su historia, sobrevivió en condiciones precarias y se enfrentó a amenazas externas, pero nunca logró superar los efectos de las especies invasoras.
El origen y la llegada de las amenazas
La musaraña de la Isla de Navidad tiene un origen peculiar: hace miles de años, un pequeño grupo de estos mamíferos llegó a la isla, probablemente arrastrados por vegetación flotante desde lo que hoy es Indonesia. Desde su llegada a la remota isla, ubicada a unos 1.500 kilómetros al oeste del continente, la musaraña prosperó en un ecosistema aislado y libre de depredadores.
Sin embargo, con la llegada de los europeos a la isla en la década de 1890, comenzaron a registrarse los primeros cambios dramáticos. El impacto de las ratas negras, introducidas accidentalmente, alteró de forma irreversible el equilibrio natural. Infestadas con parásitos mortales, las ratas trajeron consigo tripanosomas, que resultaron devastadores para la fauna local.
El aislamiento geográfico de la isla privó a la musaraña y otras especies de la fauna local de defensas contra enfermedades traídas por especies invasoras. Este fenómeno, frecuente en islas aisladas, resultó en la extinción de varias especies autóctonas, incluidas las ratas nativas y, finalmente, la musaraña. Además, con la introducción de gatos, hormigas y otras especies foráneas, la desaparición de los animales endémicos se aceleró de manera irreversible.
El último testimonio de la musaraña
Aunque la musaraña de la Isla de Navidad enfrentó numerosas adversidades, durante varias décadas logró sobrevivir en condiciones precarias. Los primeros informes sobre su posible extinción surgieron en 1908, pero no fue hasta mediados del siglo XX que se capturaron los últimos ejemplares vivos.
En 1984, los biólogos Hugh Yorkston y Jeff Tranter capturaron una hembra viva, que mantuvieron en cautiverio durante un año y medio, y más tarde, un macho que murió tras varias semanas sin lograr reproducirse. Sin embargo, tras 1984, no se registraron más avistamientos de la especie, y la escasez de información sobre su presencia dejó pocas pruebas de su existencia.
El gobierno australiano y diversos grupos conservacionistas realizaron esfuerzos para intentar rescatar a la especie, pero estos programas de recuperación no lograron encontrar restos de musaraña en los ecosistemas locales. La introducción de nuevas especies, como la serpiente lobo asiática en los años 80, parece haber sido el golpe final para la musaraña, que no pudo resistir la presión de estos nuevos depredadores.
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