La historia del ingeniero jubilado que diseñó una casita literaria

Un hombre de 83 años creó un refugio de lectura en donde entra sólo una persona.

En el barrio porteño de San Isidro, Argentina, un pequeño refugio de madera se convirtió en el corazón lector del barrio. La iniciativa de Mario Erkekdjian, de 83 años, inspira a vecinos y escuelas técnicas a replicar el modelo en distintos puntos del país.

Aunque en “La casita literaria” no entra más de una persona, en sus estantes conviven cientos de historias. Los vecinos se acercan a dejar enciclopedias, novelas o manuales, y otros se llevan títulos que despiertan su curiosidad. Todo circula, nada se pierde: la lectura se convierte en un puente entre generaciones.

Mario Erkekdjian, ingeniero mecánico jubilado, fue quien le dio vida a este rincón literario. La idea, asegura, nació de una necesidad de compartir lo aprendido y fomentar la integración barrial. Su amor por los libros se remonta a la infancia, cuando, a los 10 años, leyó Robinson Crusoe y descubrió el poder de las aventuras escritas.

Hoy, esa pasión se materializa en una pequeña casita construida por él mismo, frente a su hogar en San Isidro. Allí, la comunidad deja y retira libros libremente.

Una idea importada y adaptada al barrio

En 2021, durante un viaje a Washington para visitar a su hija, Mario observó un fenómeno que lo marcó: los vecinos de un edificio dejaban libros y objetos en mesas comunes para que otros los aprovecharan. De esa práctica solidaria nació su idea de aplicar el concepto a los libros en su barrio.

“Entendí que esos objetos podrían tener una nueva vida”, contó Mario. De regreso en Argentina, reunió a vecinos, consiguió materiales reciclados y, en solo un mes, nació la primera casita literaria. Hoy existen doce en funcionamiento y cinco más en construcción, algunas hechas por estudiantes y docentes de escuelas técnicas locales.

Además, la iniciativa cuenta con el respaldo de Little Free Library, una organización internacional sin fines de lucro cuyo lema es: “Take a Book. Share a Book” (Llevate un libro, compartí otro). 

De las máquinas al poder de las palabras

Durante décadas, Erkekdjian trabajó como ingeniero en sistemas de protección contra incendios, diseñó buques y camiones de bomberos. Pero su proyecto más querido no requirió planos complejos ni maquinaria pesada: solo imaginación, madera y ganas de unir a las personas a través de los libros.

“Cada libro es una oportunidad para que alguien se transporte a un mundo mágico”, afirma. Aunque su carrera lo mantuvo cerca de textos técnicos, con el tiempo descubrió otras lecturas que lo marcaron, como El arte de la guerra de Sun Tzu o El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl.

Ese amor por la lectura también lo transmitió a sus hijos. “Le inculqué a cada uno que tenían que leer, por lo menos, un libro cada diez días”, contó a TN. Hoy, es él quien organiza los títulos donados por sus vecinos y mantiene el orden dentro de la casita, donde los ejemplares están clasificados por secciones.

Una siembra de generosidad y cultura

Mario organiza el funcionamiento con reglas simples: cada libro nuevo debe dejarse en el piso de la casita, para que él pueda sellarlo y ubicarlo correctamente. El lugar abre desde las 7 de la mañana y cierra cuando cae el sol. En su entrada, un cartel resume su filosofía: “Los libros son el mejor alimento para el espíritu”.

“El interés por los libros no es fácil”, explicó Mario. “Se desarrolla. ¿Cómo? En la escuela, en la casa. Si el padre se sienta a leer con su hijo, ese niño aprende a amar la lectura”, agregó.

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