La diseñadora que crea ropa con algas y almidón de maíz
Desde su taller neoyorquino, Caroline Zimbalist fusiona arte, ciencia y sostenibilidad para crear prendas y accesorios hechos con bioplásticos naturales a base de algas, almidón de maíz y gelatina.
En el espacio creativo de Caroline Zimbalist, no hay tijeras ni hilos, sino cucharones, jarras medidoras y moldes que remiten más a una cocina experimental que a un típico estudio de moda. Esta artista y diseñadora neoyorquina literalmente “cocina” la materia prima de sus creaciones. Sus ingredientes principales son algas marinas, almidón de maíz, glicerina vegetal y agar-agar, una gelatina natural extraída de algas rojas.
Zimbalist mezcla, calienta, vierte y seca estas sustancias con la precisión de una receta de pastelería de autor, y las transforma en piezas translúcidas y orgánicas. Éstas se convierten en vestidos, carteras, esculturas y lámparas que se sitúan en la intersección entre moda, arte y sostenibilidad.
Bioplásticos caseros
La clave del trabajo de Zimbalist son sus llamados “bioplásticos caseros”, polímeros naturales que fabrica artesanalmente. El resultado va desde telas con aspecto de caramelo hasta estructuras gelatinosas que evocan frutas deshidratadas o tejidos vivos.
Su paleta de colores remite al azúcar tostado, la clorofila y pigmentos vegetales para subrayar el carácter sensorial y orgánico de sus obras. Aunque las piezas no son comestibles, su proceso y ciclo de vida evocan la gastronomía: son efímeras, biodegradables y mutables, capaces de desintegrarse naturalmente sin dejar residuos nocivos.
Una carrera basada en la moda sostenible
A diferencia de la moda sostenible convencional que busca materiales más limpios, Zimbalist reinventa la materia misma y crea prendas compostables que pueden disolverse con humedad o calor. Para ella, ese carácter pasajero e imperfecto forma parte del concepto artístico: vestir lo vivo, aceptar la transformación y la manipulación como etapas naturales.
Sus presentaciones en la Semana de la Moda de Nueva York deslumbraron con vestidos hechos íntegramente de bioplásticos, sin fibras textiles tradicionales, y con objetos utilitarios como luminarias y vasijas que combinan función y arte.
Además, la colección Primavera-Verano 2025 (SS25) de Zimbalist fusionó bioplásticos suaves con tules y colores pastel para crear vestidos que evocan paisajes naturales con texturas orgánicas y formas fluidas. En su línea otoño-invierno 2025 (FW25) llevó la innovación más lejos: integró capas tridimensionales moldeadas sobre tejidos clásicos y complementadas con ilustraciones florales. Así, logró manifestar una poesía visual que dialoga con la crisis global de residuos plásticos.
Su trabajo fue exhibido en museos como el Whitney Museum, tiendas especializadas como Moda Operandi, y en exposiciones en Nueva York, París y Virginia.
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