
Con la potencia de un relámpago que corta la noche, Mateo Palacios Corazzina irrumpió en Plaza de la Música y sacudió al público desde el primer impacto sonoro. Trueno salió puntual, decidido, y abrió el show con una descarga de rap que marcó el tono de lo que sería una noche intensa. Grandmaster, la Bizarrap Session Vol. 16 y una furiosa versión de Fuck the Police —con guiño a Rage Against the Machine— encendieron un escenario donde la banda brilló con precisión quirúrgica.
Desde las vallas hasta las últimas filas, la energía se convirtió en un protagonista más. Chicos, adolescentes y familias completas vibraron con cada tema, cantando, poguearon y replicaron los movimientos del artista. En un clima cargado de euforia, Trueno atravesó géneros y territorios: del hip hop al rock, del R&B al reguetón, de La Boca a Córdoba. Entre Rain III, Feel Me?, Fresh y Real gangsta love, el público sumó su voz para construir momentos tan emotivos como ensordecedores.
La segunda mitad del show fue una escalada de intensidad y homenajes. Trueno celebró a Feid, Duki y Young Miko, donde hiló colaboraciones y saludos entre Cruz, Panamá, Night y 344. Tierra Zanta despertó el orgullo latinoamericano, mientras que Tranky Funky, En la city y The roof is on fire detonaron el pogo más salvaje de la noche. En medio del caos festivo, el artista observaba fascinado cómo La Plaza se transformaba en un huracán de cuerpos que no frenaban un segundo.
El momento más inesperado llegó con un freestyle que conectó a Córdoba con La Boca y al cuarteto con el hip hop. Trueno sampleó El Marginal de La Mona Jiménez, improvisó versos dedicados al Mandamás y a Luck Ra, y sumó referencias bien locales entre el beat y el fernet. Luego, Mamichula y Cuando el bajo suena se reversionaron con bases electrónicas que encendieron otra oleada de saltos. La banda llevó al extremo su costado rockero en Sangría, Atrevido y Violento, con solos filosos y un pogo que crecía a la altura de las pantallas.
Tras dos horas de espectáculo demoledor, Trueno encaró el cierre entre lágrimas, gratitud y adrenalina pura. Con Dance Crip desató el último estallido y se entregó al público —literalmente— al lanzarse desde el escenario. Aguante Córdoba, gritó antes de despedirse con su último baile, coronando una noche que marcó el principio del fin de El último baile deluxe. Con Rosario y Buenos Aires como últimas paradas del tour, Trueno dejó en la ciudad algo más que un show: un testimonio de potencia, identidad y celebración colectiva.
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