Encontraron en Argentina, el arrecife más grande del mundo
Una expedición científica liderada por expertos argentinos documentó ecosistemas vulnerables y decenas de posibles especies desconocidas hasta el momento. Los registros obtenidos en el talud continental redefinieron el conocimiento sobre la vida en las profundidades de la plataforma marítima.
La campaña de investigación denominada “Vida en los extremos”, realizada entre diciembre de 2025 y enero de 2026, marcó un hito en la oceanografía regional. A bordo del buque laboratorio R/V Falkor (too), del Instituto Oceanográfico Schmidt, un equipo de especialistas del CONICET y la Universidad de Buenos Aires recorrió miles de kilómetros desde las costas de Buenos Aires hasta las inmediaciones de Tierra del Fuego. El objetivo central fue explorar áreas abisales poco estudiadas, como el cañón submarino Colorado-Rawson y la Fosa de las Malvinas.
Uno de los logros más destacados de la misión fue la localización del arrecife de coral de aguas frías Bathelia candida más extenso registrado hasta la fecha en el océano global. Con una superficie aproximada de 0,4 kilómetros cuadrados, este complejo arrecifal posee dimensiones comparables a las de la Ciudad del Vaticano. Este coral pétreo sirve como refugio y hábitat esencial para diversas formas de vida, como pulpos, crustáceos y peces.
La expedición también logró expandir el rango geográfico conocido de estos corales y encontró formaciones a más de 600 kilómetros al sur de su distribución previamente documentada.
Estos jardines submarinos están catalogados como Ecosistemas Marinos Vulnerables (EMV) debido a su fragilidad ante actividades humanas como la pesca de arrastre de fondo.
Además de los arrecifes de coral chicle (Paragorgia arborea) y grandes esponjas, los investigadores hallaron extensas zonas de filtraciones frías. En estos sitios, sustancias químicas como el metano emergen del lecho marino y sustentan comunidades biológicas basadas en la quimiosíntesis, lo que permite la existencia de almejas y gusanos tubícolas en condiciones de oscuridad total y presión extrema.
Criaturas abisales y oasis de energía química
El registro visual de una medusa fantasma gigante (Stygiomedusa gigantea) se convirtió en uno de los momentos más impactantes de la campaña. El ejemplar avistado medía cerca de 11 metros de longitud y fue captado a 253 metros de profundidad en el talud continental. Esta especie, que carece de tentáculos urticantes y utiliza sus largos brazos para capturar plancton, es extremadamente esquiva y sólo fue documentada unas 130 veces en todo el mundo desde principios del siglo XX.
Otro hallazgo sin precedentes para la región fue la documentación de la primera “caída de ballena” (whalefall) en aguas profundas argentinas, localizada a 3.890 metros de profundidad. Estos eventos ocurren cuando el cuerpo de un cetáceo muerto desciende al fondo oceánico y crea un ecosistema temporal que proporciona nutrientes durante décadas a una vasta red de carroñeros, microbios y gusanos especialistas.




