En Argentina se gradúan más mujeres, pero tienen menos acceso al poder y cobran menos

Aunque ellas lideran las estadísticas educativas, esa ventaja no se traduce en igualdad laboral. Persisten diferencias en ingresos, acceso a jerarquías y condiciones de empleo.

En Argentina, las mujeres dominan el ámbito educativo, pero enfrentan importantes obstáculos al ingresar y desarrollarse en el mercado laboral. Según datos del INDEC, seis de cada diez personas que se gradúan son mujeres, aunque esa mayoría no se refleja en posiciones de liderazgo ni en mejores salarios.

El informe revela una fuerte desigualdad en los cargos jerárquicos: solo el 4% de las mujeres alcanza puestos de dirección o jefatura, mientras que en los hombres esa proporción asciende al 8,5%. 

A esto se suma una brecha salarial significativa. En promedio, las mujeres ganan un 25% menos que los varones por tareas similares, una diferencia que se profundiza en el sector privado y en empleos informales.

Más formación, pero menos oportunidades

Los datos muestran que las mujeres representan el 64% de los egresados universitarios y el 61% del total de estudiantes en el país. Incluso en las nuevas inscripciones, mantienen la mayoría con un 59%.

Sin embargo, esta presencia no es homogénea en todas las áreas. Las carreras vinculadas a la salud y las ciencias humanas concentran mayor participación femenina, con porcentajes del 76% y 72% respectivamente. En cambio, en sectores como tecnología o industria, la proporción baja al 41%.

A pesar de esta diferencia, se observa un crecimiento sostenido en la participación femenina en estos campos históricamente masculinizados, ya que en 2018 representaban apenas el 36%.

El peso de las tareas de cuidado

Uno de los factores clave detrás de estas desigualdades es la distribución del trabajo doméstico no remunerado. Según la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo del INDEC, las mujeres dedican en promedio 6 horas y 31 minutos diarios a estas tareas, frente a 3 horas y 40 minutos en los hombres.

Esta diferencia impacta directamente en la inserción laboral. La menor disponibilidad horaria lleva a muchas mujeres a optar por empleos de menor carga o en condiciones informales. De hecho, el 27,2% de las mujeres trabaja en la informalidad, frente al 22,7% de los varones.

El informe también indica que los hombres presentan mayores tasas de empleo en todos los grupos etarios, especialmente entre los 30 y 64 años, etapa de mayor productividad.

Además, en hogares con niños menores de seis años, la participación laboral femenina disminuye, mientras que la masculina se mantiene estable.

Ingresos más bajos a lo largo de la vida

La diferencia salarial crece con la edad. Entre trabajadores registrados de 30 años, la brecha es del 19%, pero puede alcanzar el 32% hacia los 50. Mientras que en el empleo no registrado, las mujeres mayores pueden llegar a ganar casi un 50% menos que los hombres.

Las consecuencias de esta desigualdad se profundizan al momento del retiro. Muchas mujeres no logran completar los años de aportes necesarios debido a trayectorias laborales interrumpidas o informales.

Según el INDEC, ocho de cada diez mujeres acceden a la jubilación mediante moratorias que compensan la falta de aportes. En contraste, la mitad de los varones llega a la edad jubilatoria con sus contribuciones completas, mientras que solo el 20% de las mujeres logra hacerlo.

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