El Banco de Alimentos del interior argentino recupera alimentos
Una red solidaria trabaja a diario para reducir el hambre y evitar que comida en buen estado termine en la basura. Con voluntarios, controles nutricionales y alianzas estratégicas, logra que miles de personas accedan a una alimentación más digna.
En el corazón de Argentina, funciona una estructura clave frente a dos problemas que avanzan al mismo tiempo: la inseguridad alimentaria y la pérdida de alimentos. El Banco de Alimentos de Córdoba articula esfuerzos para que productos que ya no pueden comercializarse lleguen a quienes más los necesitan.
La organización está presidida por Alejo Ruiz Díaz, quien explica el origen de los productos recuperados: “Recuperamos alimentos por distintas razones: estacionalidad, corto vencimiento, errores de packaging. Todo lo que aún es apto para el consumo vuelve a tener destino”. Una vez que ingresan, los alimentos pasan por procesos de clasificación y control que garantizan su seguridad y calidad nutricional.
Actualmente, el Banco de Alimentos asiste a más de 550 organizaciones sociales de toda la provincia, entre comedores, merenderos, copas de leche y hogares. La red se abastece del sector agropecuario, cadenas de supermercados y del mercado de abasto, donde se rescatan frutas y verduras de manera diaria: alrededor de 200 kilos por día, seleccionados uno por uno.
Una red solidaria que sostiene el trabajo diario
Detrás de cada entrega hay un fuerte compromiso humano. Más de 100 voluntarios participan activamente de las tareas de recuperación, clasificación y distribución, acompañados por un equipo técnico especializado. Entre ellos se destacan nutricionistas que realizan mediciones antropométricas, especialmente en niños y niñas.
“Hoy más de la mitad de los chicos menores de tres años sufren malnutrición. Eso nos obliga a pensar no solo en cantidad, sino en calidad de alimento”, advierte Ruiz Díaz. Este enfoque integral busca no solo cubrir una necesidad inmediata, sino también prevenir consecuencias a largo plazo en el desarrollo infantil.
El contexto económico actual también modificó el perfil de las personas asistidas. A la población infantil se sumaron cada vez más adultos y personas mayores, lo que demanda una planificación alimentaria equilibrada para todas las etapas de la vida. Solo en 2024, el Banco de Alimentos logró rescatar cerca de 2,5 millones de kilos de comida.
Más allá de la comida: fortalecer a la comunidad
El impacto del Banco de Alimentos no se limita a la entrega de productos. A través de iniciativas como el programa Mujeres del Banco, la organización impulsa talleres de formación, administración y liderazgo destinados a referentes comunitarias. La meta es fortalecer a las instituciones sociales para que puedan crecer y sostenerse de manera autónoma.
“El sueño es que el Banco de Alimentos no exista”, resume Ruiz Díaz. “Porque eso significaría que nadie necesita venir a buscar comida, que cada persona puede abastecerse con su propio trabajo”.
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