Día Mundial del Sueño: dormir mal impacta en la salud mental y el bienestar
Especialistas advierten que el descanso insuficiente no solo genera cansancio, sino que también puede afectar el estado de ánimo y la salud general. La calidad del sueño se volvió un indicador clave del equilibrio físico y psicológico.
Cada 13 de marzo, el Día Mundial del Sueño pone el foco en la importancia del descanso para la salud. Dormir bien es una función esencial del organismo, comparable en relevancia con la alimentación equilibrada y la actividad física regular.
Durante el sueño, el cerebro cumple funciones fundamentales como consolidar la memoria, favorecer el aprendizaje y eliminar desechos producidos por las neuronas. Por ese motivo, una buena calidad de descanso es clave para el funcionamiento adecuado del sistema nervioso.
Cuando el sueño es insuficiente o de mala calidad, las consecuencias pueden extenderse a distintos aspectos de la salud. Diversos estudios vincularon la falta de descanso con obesidad, diabetes, enfermedad coronaria y un mayor riesgo de mortalidad cardiovascular.
Cómo influye el sueño en la salud mental
En un contexto marcado por el estrés, la hiperconectividad y el ritmo acelerado de vida, cada vez más personas experimentan dificultades para dormir. Esto convirtió al sueño en un indicador relevante del bienestar psicológico.
Las investigaciones muestran que dormir mal de forma prolongada no solo afecta la energía durante el día, sino que también aumenta el riesgo de desarrollar trastornos del estado de ánimo como depresión o ansiedad.
La neuróloga Stella Maris Valiensi, autora del libro La Ruta del Sueño, explicó que la relación entre sueño y salud mental es muy estrecha. “Las personas que duermen poco o mal durante períodos prolongados, por ejemplo durante dos años, tienen más del 50% de probabilidad de desarrollar síntomas depresivos. A su vez, la depresión y la ansiedad también pueden alterar el sueño”, señaló la especialista.
Cuando el insomnio se vuelve un problema persistente
No todos los episodios de mal descanso implican un trastorno del sueño. En muchas situaciones, el insomnio puede aparecer de forma temporal frente a momentos de estrés, viajes, exámenes o conflictos personales.
En esos casos se habla de insomnio circunstancial, una dificultad para dormir que suele desaparecer cuando se resuelve la situación que lo provoca. Sin embargo, cuando el problema se mantiene durante más de tres meses se considera insomnio crónico, una condición que puede afectar significativamente la calidad de vida.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la fatiga constante, irritabilidad, bajo rendimiento, cambios en el estado de ánimo, dificultad para “apagar” la mente antes de dormir y preocupación excesiva por no poder descansar.
“En muchos casos se genera un círculo ansiedad–insomnio, donde el miedo a no dormir empeora el problema”, explicó Valiensi.
Claves para mejorar la calidad del descanso
El médico Eduardo Borsini, del Servicio de Neumonología y la Unidad de Sueño del Hospital Británico de Buenos Aires, destacó que la salud del sueño es un concepto amplio que incluye múltiples factores.
Entre ellos se encuentran la duración del descanso, la facilidad para conciliar el sueño, la regularidad de los horarios, la capacidad de mantenerse alerta durante el día y la sensación de recuperación al despertar.
“Planificar la salud del sueño requiere adaptar las estrategias a la vida de cada persona. Es fundamental cuidar el entorno de descanso: minimizar la luz, mantener una temperatura fresca y sentirse cómodo y relajado”, explicó Borsini.
El especialista también recomienda mantener horarios regulares para dormir y despertar, procurar al menos siete horas de descanso nocturno y prestar atención a la calidad del sueño.
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