Australia se acerca a eliminar el cáncer de cuello uterino
La combinación de vacunación masiva contra el VPH y un sistema de detección avanzado posiciona al país como líder mundial en prevención. Modelos científicos anticipan una caída histórica en la incidencia y mortalidad durante las próximas décadas.

Australia está cada vez más cerca de convertirse en el primer país del mundo en eliminar el cáncer de cuello uterino como un problema de salud pública. Así lo indican múltiples estudios recientes y el llamado a la acción emitido por la Sociedad Internacional del Virus del Papiloma (IPVS), que destaca el potencial de las estrategias actuales de prevención para reducir la enfermedad a niveles mínimos.
La clave de este avance radica en la combinación de dos herramientas altamente eficaces: la prevención primaria mediante la vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH) y la prevención secundaria a través de programas de detección cervical organizados. Ambas intervenciones, aplicadas de forma sostenida y a gran escala, permiten modificar de manera profunda el impacto del cáncer de cuello uterino en la población.
Sin embargo, los especialistas advierten que el factor tiempo es determinante. La vacunación es más efectiva cuando se aplica antes del contacto con el virus, mientras que el cáncer suele manifestarse en edades adultas. Por ese motivo, el efecto pleno de estas políticas se mide en décadas y depende también de la cobertura y calidad de los sistemas de detección.
Vacunación contra el VPH: un cambio estructural
Australia fue pionera a nivel mundial al lanzar, en 2007, un programa nacional de vacunación contra el VPH financiado con fondos públicos, dirigido inicialmente a mujeres de entre 12 y 26 años. En 2013, el esquema se amplió para incluir a varones adolescentes.
Un nuevo hito llegó en 2018 con la introducción de la vacuna nonavalente de última generación, que protege contra siete tipos de VPH responsables de cerca del 90% de los cánceres de cuello uterino. Desde entonces, numerosos estudios documentaron resultados contundentes.
Entre los impactos observados se destaca una reducción de 10 veces en la prevalencia de infecciones por los tipos de VPH incluidos en la vacuna en mujeres jóvenes, incluso entre aquellas no vacunadas, gracias a la inmunidad de grupo. También se registró una fuerte caída de las verrugas anogenitales y una disminución del 41% en las lesiones cervicales precancerosas (CIN2/3) en mujeres de 20 a 24 años.
Detección organizada y nuevas tecnologías
La vacunación no actuó sola. Australia cuenta con un programa nacional de detección cervical organizado desde 1991, que para 2010 redujo a la mitad la incidencia del cáncer de cuello uterino en mujeres mayores de 25 años.
A partir del 1º de diciembre de 2017, el país dio un paso más al reemplazar la citología tradicional por un sistema de detección primaria basado en pruebas de VPH validadas, con una periodicidad quinquenal. Se espera que esta estrategia reduzca la incidencia y la mortalidad al menos un 20% adicional.
Los primeros datos respaldan esta decisión. El ensayo Compass, realizado en poblaciones no vacunadas, demostró que la detección primaria del VPH identifica más lesiones CIN2+ que la citología, incluso en un contexto de alta cobertura de vacunación como el australiano.
Proyecciones hacia la eliminación del cáncer cervical
Modelos recientes que analizan el impacto combinado de la vacunación y el cribado proyectan un escenario alentador hasta 2035. Según estas estimaciones, podría observarse inicialmente un aumento transitorio en los diagnósticos debido a la detección temprana, seguido por una caída sostenida de la incidencia.
A mediano plazo, se espera que las tasas de cáncer de cuello uterino se reduzcan nuevamente a la mitad para 2035. En paralelo, la mortalidad podría disminuir un 45% en ese mismo período.
La situación en Argentina
En el país sudamericano, el cáncer de cuello uterino es el tercer tipo de tumor más frecuente en mujeres y el quinto tumor que más muertes causa, según el Gobierno nacional. Además, las principales afectadas son las mujeres que no cuentan con acceso a los servicios de salud.
La enfermedad es altamente prevenible al aplicarse la vacuna contra el VPH. La misma es obligatoria y completamente gratuita a los 11 años. Además, son importantes los exámenes ginecológicos, como el Papanicolaou (Pap) y test de VPH, clave para mujeres mayores de 30 años.
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