Asumió la primera mujer arzobispo de la Iglesia anglicana en Inglaterra

La nueva autoridad espiritual fue oficialmente entronizada en Canterbury en una ceremonia cargada de simbolismo. Su llegada marca un punto de inflexión en una institución atravesada por tensiones internas y desafíos globales.

La Iglesia anglicana vivió un momento sin precedentes con la entronización de Sarah Mullally como su máxima autoridad espiritual. La ceremonia se llevó a cabo en la Catedral de Canterbury, un sitio emblemático para el cristianismo en Inglaterra, donde se consolidó un cambio histórico en la conducción de esta tradición religiosa.

Con 63 años y una trayectoria poco convencional, Mullally llega al cargo tras trabajar durante décadas como enfermera antes de iniciar su camino religioso. Su nombramiento representa un quiebre en una institución con siglos de tradición, que desde su origen en 1534 estuvo liderada exclusivamente por hombres.

El acto contó con la presencia de figuras destacadas, entre ellas los príncipes de Gales, Guillermo, príncipe de Gales y Catalina, princesa de Gales, aunque el evento no generó una gran repercusión mediática en el Reino Unido.

Una ceremonia con fuerte impronta simbólica

Durante la celebración, Mullally recibió el báculo que la acredita como arzobispa en un ritual cargado de tradición y solemnidad. La liturgia reflejó el carácter diverso de la comunión anglicana, con la participación de representantes de distintas religiones y expresiones culturales.

Se destacaron cantos africanos y oraciones en diferentes idiomas, así como la lectura del Evangelio en español, a cargo de una obispa mexicana. Este gesto buscó enfatizar el alcance global de una iglesia que hoy cuenta con millones de fieles fuera de Europa.

En su primer sermón, la nueva líder evitó referencias directas a conflictos internos o temas sensibles, aunque hizo un llamado general a la paz en distintas regiones del mundo, incluyendo Medio Oriente, Ucrania, Sudán y Birmania.

Un liderazgo que llega tras una crisis institucional

Mullally asume el cargo tras la salida de Justin Welby, quien renunció luego de reconocer una “conspiración de silencio” en relación con casos de abusos dentro de la Iglesia. Este contexto agrega presión a su gestión, que deberá reconstruir la confianza de los fieles.

Además de los desafíos internos, la Iglesia enfrenta una caída en la participación en el Reino Unido, donde solo una minoría de sus miembros asiste regularmente a los servicios religiosos. Sin embargo, su presencia sigue siendo fuerte en otras regiones del mundo, especialmente en Asia y África.

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