Así es el Torneo de las Botas, un campeonato de fútbol campesino de mujeres
En los campos de Jenesano, los agricultores protagonizan una competencia tradicional ataviada con ropa típica para preservar su cultura y ganar un marrano como premio.
En el corazón rural de Boyacá, Colombia, cada agosto se vive una fiesta que mezcla tradición, deporte y cultura campesina: el torneo “Bota, Ruana y Sombrero”. Este campeonato de fútbol no convencional está protagonizado por mujeres agricultoras quienes, ataviadas con sus prendas típicas como las ruanas, botas de caucho y sombreros, disputan cada partido con pasión y orgullo.
El torneo, nacido hace más de una década originalmente para hombres, abrió espacio a las mujeres de Jenesano tras la insistencia de esposas, hermanas y primas que reclamaron su voz en esta tradición deportiva. Actualmente, ocho equipos integrados solo por campesinas disputan el certamen con nombres como Las Jediondas, Las Yeguas, La Señal y Las Habas.
Luz Mery Contreras, capitana de Las Habas, destaca que para ellas “estos torneos representan mucho porque es nuestra cultura tradicional” y una forma de visibilizar la vida campesina que muchas veces queda olvidada. Para las casi 800 personas por jornada, el torneo es también una celebración en la que el fútbol se entrelaza con bailes, cánticos y bebidas típicas como el guarapo.
Reglas y desafíos dentro y fuera de la cancha
La pelota es ligera, cubierta de cuero y pelo de vaca, y mantiene un aire artesanal. Las jugadoras deben jugar con botas de caucho, ruanas y sombreros, prendas que, si se pierden durante el partido, obligan a detener el juego para recuperarlas antes de continuar, bajo la atenta mirada del árbitro.
Milena Arias, jugadora y bombera voluntaria, describe la dificultad de esta forma de jugar: “Jugar con botas, con ruana y con sombrero es algo de locos que ni los más profesionales lo saben”. Además, la intensidad física se agrava por el terreno accidentado, el calor agobiante y el cansancio que el esfuerzo provoca.
Un gesto de resistencia y orgullo campesino
La recompensa del torneo va más allá del trofeo: el premio tradicional es un “marrano”, un cerdo que simboliza la raíz y la vida rural. El equipo ganador suele venderlo para repartir el dinero entre integrantes. Marta Merchán, pensionada local, celebra que muchas familias enteras están representadas en el torneo y que las mujeres campesinas disfruten de un espacio que normalmente les fue negado.
Estas mujeres no solo son futbolistas por agosto, sino que entrenan y juegan durante todo el año en ligas locales, mientras cumplen con múltiples roles diarios que incluyen la agricultura, el cuidado de los hijos y el trabajo comunitario, como el voluntariado de Arias en los bomberos.
El creador de contenido Andrés Guerrero, quien documentó el evento, resume su esencia con entusiasmo: “¿Quién dice que en el campo no se pasa bueno? Además de cultivar los alimentos, las mujeres campesinas de Jenesano también juegan fútbol. ¡Dios bendiga a las campesinas colombianas!”
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