Argentina es uno de los países más dependientes del efectivo

A pesar de los avances tecnológicos, en el país sudamericano el 70% de las transacciones diarias aún se realizan con billetes y monedas.

El efectivo aún es un actor principal en muchas economías, especialmente en países con limitaciones bancarias o de infraestructura tecnológica. De acuerdo con un ranking elaborado por Pallavi Rao de Visual Capitalist, Argentina se encuentra entre las naciones que todavía mantienen altos niveles de transacciones en efectivo: ocupa el puesto 24° de 123 países. 

En comparación con naciones como Suecia y Noruega, donde el uso del efectivo es casi inexistente (14% y 10%, respectivamente), el país sudamericano se encuentra en una situación intermedia, con un 70% de las transacciones realizadas con dinero físico.

Esta clasificación refleja una tendencia común en las economías de ingresos medios, como México, India y Tailandia, donde el uso del efectivo es prominente a pesar de cierto avance digital.

Por su parte, entre los países con mayor dependencia del efectivo se encuentran aquellos con economías más débiles y una infraestructura bancaria insuficiente. Myanmar, con un 98% de uso de efectivo, encabeza la lista, seguido por Etiopía y Gambia, con un 95%. Este fenómeno se repite en naciones como Albania, Camboya y Pakistán, que también superan el 90% en uso de efectivo. 

Efectivo en economías avanzadas: el otro extremo

Por otro lado, los países más desarrollados experimentan una disminución constante en el uso de efectivo, impulsados por la digitalización y la confianza en los sistemas de pagos electrónicos. En economías avanzadas como Suecia (14%) y Corea del Sur (10%), el uso de billetes y monedas es cada vez más marginal. En estos países, el acceso a tecnologías como la banda ancha universal y los teléfonos inteligentes permitió una adopción masiva de pagos digitales, que no solo son más rápidos y seguros, sino que también benefician a los comerciantes con una liquidación más eficiente.

Sin embargo, existen algunas excepciones notables. Japón, por ejemplo, mantiene un nivel relativamente alto de uso de efectivo (60%) debido a su fuerte cultura de ahorro y la preferencia por transacciones físicas, especialmente en zonas rurales. De manera similar, Alemania (51%) se destaca en Europa como un país con un uso considerable de efectivo, algo que podría estar vinculado a una desconfianza cultural hacia las instituciones bancarias y una preferencia por la privacidad en las transacciones.

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